martes, 7 de septiembre de 2010

El 29 de Septiembre: Huelga General. ¡Yo voy!

En 1994, el 27 de Enero (según nos recuerda Manolo a los que entonces estábamos en el instituto), fue el día en el que los sindicatos dejaron de ser buenos. No dejaron de serlo así como así, sino que, como al poco tiempo acabó cambiando el Gobierno de manos, volviendo por fin a las manos a las que el mando pertenece, pues ¿qué le vamos a hacer? conviene desactivar esa última bala de la clase trabajadora. ¿Cómo desprestigiamos el moviviento sindical? Desprestigiando a los sindicalistas. Pero no sólo a los de UGT (que son, todo el mundo lo sabe, de los socialistas, cosa maldita que equivale a corrupción y los GAL; hoy, por cierto, unos vendepatrias, proislamistas y colaboradores de ETA) y a los de CCOO (entonces unos comunistas herederos de Carrillo; hoy, fíjate cómo no serán que hasta su ex secretario general está con nosotros en FAES), sino que los demás no existen (que nadie se acerque a un anarquista, por favor, porque anarquista=loco caos de la muerte).
Bueno, en esas estamos, no sólo hemos desconectado durante un tiempo a los socialistas corruptos y asesinos, sino que hemos colocado al hombrecillo del bigote (para el que, por cierto, tenemos que ir inventando eso de que es alguien sin carisma pero con una gran fuerza y determinación). Ya no nos convienen las huelgas ni reforzar los mensajes contrarios al PSOE, no vaya a ser que los rojos esos cojan suficiente fuerza como para convertirse en alternativa. Bueno, eso no, porque hemos conseguido que hasta los propios socialistas vean en ellos, en los comunistas, a un enemigo mayor que el propio PP.
Bueno, que me voy por las ramas y yo he venido aquí a hablar de mi libro "El 29-S Huelga General ¡Yo voy!", de editorial menos excusas y más conciencia de clase.
Pasaron los años y el Gobierno del PP se convirtió en algo insoportable para cualquiera que no fuese gilipollas o rico y poderoso (o todo a la vez, que también abundan) y se juntaron dos actores con los que la derecha no contaba: una figura atractiva, ilusionante y que no se parecía a todo lo anterior en un partido al que estaban muchos dispuestos a votar (el Presidente Zapatero); la otra figura fue el hartazgo de los que, poco a poco (y en gran parte por su propia avaricia) se encontraban cada vez más asfixiados por unas hipotecas irracionales, unas rehipotecas para comprarnos un BMW, la VISA de las vacaciones, la tele a 12 meses sin intereses y una nómina que es una mierda, pero que puedo complementar a base de echar horas (en B, claro) como un loco. Echar horas yo, y que las eche mi pareja. Y que no nos pongamos enfermos ninguno de los dos. Bueno, y encima, tener que escuchar a ese que tan mal me cae, decir que España va bien. Pues irá bien su España, pero yo no puedo más. Y ahora un decretazo, luego otra reforma insensata de la educación. Y hablando de educación, hay que ver cómo están dejando la escuela pública. Y la sanidad. Y ahora empiezan a hablar de alargar la edad de jubilación. Bueno, pero han quitado el ejército profesional, pero, eso es una tontería, con lo bien que me lo pasé yo haciendo la mili. Pero, lo que ya es el acabose es que se meten en la guerra de Irak a pesar de que, por fin, salgo a la calle con el frío que hace, lo hacen en contra dle 90% de los españoles.
En ésto que la explosión de cuatro trenes se convierte por arte de magia en el mayor atentado de la historia de España y, creo, que de Europa. Pues esta gente que ha conseguido colmar mi paciencia y que tuviese decidido votar al tal Zapatero que parece buen tió (sí, digo que ya lo tenía decidido antes del 11M porque los que no se quedasen en lo fácil y superficial de "la gente cambió el voto por lo que vino después del 11M" o "si no es por el 11M, no ganan", se habrían enterado de que en esa última semana las últimas encuestas daban un empate técnico; un empate técnico en la intención de voto, suele querer decir que va a haber un cambio de Gobierno), esta gente que ha conseguido colmar mi paciencia y que tuviese decidido votar a Zapatero, decía, ahora van y, cuando más le ha dolido el corazón a alguien, porque aquello dolió como si los 192 fuesen familiares de cada uno de los 45.000.000 de supervivientes, nos quieren manipular, nos manipulan, nos mienten (aún hoy siguen haciéndolo). Acabamos echándoles del gobierno y poniendo a uno de los nuestros, un tío normal, un tío que en su discurso de celebración se acuerda de todos los que han confiado en él y de los que es consciente de que sus votos son prestados, un tío que promete a los jóvenes que no les fallará y que el poder no le cambiará.
Este ZP, intentó hacer muchas reformas, algunas de ellas ilusionantes (¡joder, qué huevos tienes, José Luis, haciendo volver a nuestras tropas de Irak!), otras ya empezaron a molestar a los poderosos.
¿Qué hacen los poderosos entonces? Fácil, desconectar a Zapatero y desconectar a todos los colectivos que consiguieron movilizar a la gente en contra de sus intereses.
Zapatero terminó siendo Mr. Bean y, CCOO, UGT y el que toque como mayoritario en cualquier conflicto a los que se enfrentase el PP en las diferentes Comunidades Autónomas, dejaron de ser sindicalistas para pasar a ser "los liberaos". Vale, se aprovecharon de una idea que muchos de los liberaos ayudaron a hacer arraigar en la cabeza de todo el mundo: del mismo modo que los políticos están ahí para forrarse, los sindicalistas están ahí para hacerle el caldo gordo al jefe a cambio de horas sindicales y subidas de sueldo sólo para ellos.
Bueno, dentro de las reformas que se han quedado a medias del Gobierno Zapatero, hay tres que duelen y mucho a los que tienen conciencia de que su clase es la trabajadora y no la clase media: La Ley de Memoria Histórica, que se le siga dando dinero a la Iglesia Católica y a los bancos mientras se recortan las ayudas a los que más lo necesitan y ahora, la reforma laboral.
Pues la reforma laboral es la que nos ha llevado a la huelga. ¿Por que? ¿Porque lo que no han sabido defender como hombres lo lloran ahora como mujeres (cosa más machista, la virgen)? No, es algo largo de explicar pero que hasta yo he comprendido.
Llevábamos varios años en la mesa de negociación tripartita: Gobierno, CCOO+UGT y Patronal.
Con el pretexto de que se estaba negociando una reforma del "mercado" laboral, se han parado las negociaciones de cientos de convenios colectivos (en torno a 150 sólo en Madrid), porque sabían los cabrones de nuestros patrones que no iban a salir perdiendo y que todo lo que "cediesen" en las negociaciones iba a ser en balde, porque con dar subiditas a cuenta del convenio que se firmaría en dos o tres años, las empresas saldrían ganando. Si a esto le unimos que los Comités de Empresa de las grandes empresas, las que más poder de movilización tienen, firmaron cientos de convenios de empresa, sustancialmente mejores que los del resto de su sector ¿qué acaba sucediendo? Pues que la negociación colectiva está tan debilitada que te sueltan los representantes de la patronal, casualmente de una empresa que ya tiene convenio propio: "esto es lo que hay y si no os conviene, id a la Huelga, que no vais a tener nada mejor " (sic).
Pues bien, como decía, llevaba la Patronal mucho tiempo dando una de arena y otra de mierda, apoyados, por cierto por el señor que el PsoE puso al frente del Banco de España (a ver si va a tener la culpa de eso Cayo Lara), por ex ministros socialistas que están ahora en la UE, por el FMI, el BM y hasta el TDLC de turno que lo ha escuchao en la radio. Dicen que lo que deberían de aceptar los sindicatos es el modelo de contratación alemán; los sindicatos dicen que vale, que lo pensarán. Entonces, los empresarios dicen que no es suficiente, que el austriaco; los sindicatos dicen que vale, que se lo piensan. La patronal dice que no es suficiente, que hay que aumentar la edad de jubilación, bajar las cotizaciones a la seguridad social por parte de las empresas y abaratar el despido. Los sindicatos dicen "te estás pasando" y el Gobierno también lo dice. Además, añade el Gobierno que como siga la patronal así de intransigente, va a acabar haciendo la reforma que les salga de los huevos y que luego llorarán.
Tras las manifestaciones del 12 del 12 a las 12 que la extrema derecha y la derecha intentaron hacer fracasar, porque, claro, no iban en contra del gobierno del PsoE, sino contra una posible reforma que agrediese los derechos de los trabajadores y traicionase la palabra dada por el Presidente (y que se convirtió en el lema de la jornada: "12 del 12 a las 12 que la crisis la paguen los que la provocaron"), la Patronal mandó una circular a las diferentes patronales sectoriales y regionales, instándoles a llegar a acuerditos en las máximas negociaciones colectivas posibles, por si acaso les salía en el pulso el tiro por la culata. Un ejemplo puede ser el nuevo Convenio de Grandes Almacenes, firmado por el sindicato amarillo FETYCO en contra de CCOO y UGT en el que, además de tener que dejarse dar por culo, los trabajadores tienen prohibido el uso del condón y de la vaselina.
Entonces ¿cómo hemos acabado en esta situación? Pues porque al Gobierno le han dado miedo desde los estamentos internacionales, los mercados y su puta madre.
Al ver la Patronal el miedo en la mirada del Gobierno, envalentonada, se levantó de la mesa de negociación, el Gobierno (¿?) presentó echando hostias una reforma laboral en la que se reflejaban todas las exigencias de la Patronal hasta entonces (que no te lo pierdas, ahora dicen que siguen siendo insuficientes), de los mercados, la UE, el FMI y su puta madre (otra vez),  y los sindicatos mayoritarios se quedaron locos, a las puertas del verano (que si ya es difícil movilizar al personal en invierno, como para decirles que se vayan a las manifestaciones organizadas en Benalmádena, Torrevieja y Benidorm) y sin otra opción que irse a su casa y no volver o convocar una Huelga de una puta vez. 
Ya, pero ¿cuando? Alguien tendría la idea de que "después del verano", pero estaba a tomar por culo y necesitaban un pretexto con el que defender que no se hiciera para ya. "Fácil" dijo alguien, "el 29 de septiembre (como el 12 de diciembre pasado) están convocados todos los sindicatos a nivel europeo para unas movilizaciones contra la crisis y tal; aprovechamos y ponemos la huelga entonces. Además, como hay convocada alguna que otra huelga para antes, como la de los trabajadores públicos, pues vamos midiendo".
¿Cual es el problema? La cantidad de TDLC que tenemos alrededor.
Entiendo perfectamente a los compañeros de CNT, por ejemplo, cuando dicen que los sindicaleros profesionales les llaman (o ni siquiera lo hacen) y ellos no van a ir como perritos a ponerles a su gente detrás, del mismo modo que entiendo a muchos trabajadores que han buscado amparo en UGT o CCOO y se han visto con el culo al aire porque han dado con un sinvergüenza, o yendo más allá, porque sus reivindicaciones no estaban en la línea del sindicato, por lo que sea. Entiendo, como digo a todos los que están hartos de "liberaos que viven muy bien sin dar palo al agua", pero hoy no nos estamos jugando el futuro de UGT, CCOO o de sus afilidados. Nos estamos jugando el futuro de la clase trabajadora, nuestro futuro y el de nuestros hijos. El futuro de nuestras pensiones, de nuestra Seguridad Social y nuestra educación. De todo lo público. De nuestros derechos, conseguidos, no lo olvidemos, no gracias (o no sólo gracias) a las manifestaciones de los estudiantes, sino a las Huelgas de las fábricas en una época en la que te jugabas algo más que 80 euros menos de tu sueldo por apoyar una Huelga.
Nos jugamos demasiado como para hacer otra cosa que no sea unirnos contra nuestro enemigo. Y nuestro enemigo no es la derecha que hay dentro del PsoE ni los marxistas-leninistas que hay dentro del PCE, nuestro enemigo es aquel que atente contra los derechos de los trabajadores.
EL 29 de Septiembre: HUELGA GENERAL ¡Yo voy!

lunes, 6 de septiembre de 2010

Esto me lo ha mandado el Miguel. Me parece bastante interesante (aunque probablemente intrascendente).

Nota: que nadie venga jodiendo con los plagios y las SGAEs, que me lo han mandado y lo he publicado sin ánimo de lucro. Bueno, sin ánimo, no: sin posibilidad.
Si habéis estado en Estados Unidos sabréis que raramente encontraréis en un restaurante un ketchup que no sea de la marca Heinz. Sin embargo, hallaréis sin dificultad diversas marcas de mostaza (y ya puestos, de sacarina, muchas más que de azúcar).
¿Por qué existe este fenómeno de monopolio alimentario? La razón precisa se ignora. Por más que se intenta sacar al mercado ketchups de mejor calidad o con sabores más sofisticados según expertos catadores, todos ellos acaban siendo relegados del mercado o convirtiéndose en salsas para espaguetis (para los cuáles sí que hay tipologías para dar y vender).
Según el experto mundial en los primeros años del ketchup, Andrew F. Smith (entre otros libros de referencia, es editor jefe de la Enciclopedia Oxford de la comida y la bebida en Estados Unidos), gran parte de la historia de la civilización culinaria podría narrarse a través del tomate.
Cortés transportó esta hortaliza a Europa desde el Nuevo Mundo. Los italianos los usaron para reemplazar a la berenjena. En el norte de la India, entró en el curry y en el chutney. Y, contra toda idea preconcebida, el mayor productor de tomate del mundo es China (sólo desde hace unos pocos años).
Pero para Smith, la más perfecta de las manifestaciones del tomate es el ketchup. Es barato, es un condimento y no un ingrediente (lo que permite aplicarse discrecionalmente en un restaurante) y, parafraseando el ensayo de Elizabeth Rozin El ketchup y el inconsciente colectivo, “el ketchup bien pudiera ser la única verdadera expresión culinaria del crisol de culturas”.
El ketchup fue creado en el siglo XIX, como consecuencia de la tradición inglesa de salsas de frutas y verduras y el encaprichamiento de los estadounidenses con el tomate. Pero lo que hoy conocemos como ketchup nació de otra forma, como refiere Malcolm Gladwell:
"Surgió de un furibundo debate ocurrido en los primeros años del siglo pasado a propósito del benzoato, un conservante muy usado a finales del XIX. Havey Washington Wiley, jefe de la Oficina de Química del Departamento de Agricultura entre 1883 y 1912, llegó a la conclusión de que el consumo de benzoatos no era seguro para la salud, y el resultado fue un cisma que dividió el mundo del ketchup en dos. A un lado estaba el consorcio del ketchup, que creía que era imposible hacer ketchup sin benzoato y que éste no era dañino en las cantidades usadas. Por el otro lado había una banda renegada de fabricantes de ketchup: creían que el rompecabezas conservativo podría solucionarse mediante el uso de la ciencia culinaria."La idea era hacer ketuchup con tomates maduros. Hasta entonces, el ketchup se había hecho con tomates inmaduros, y por eso eran finos y acuosos, porque eran bajos en un carbohidrato complejo conocido como pectina, que agrega cuerpo a la salsa. Pero con tomates maduros, el ketchup será más denso y, con ello, resistiría mejor la degradación.
Los ketchups del siglo XIX tenían un fuerte gusto a tomate, sin más que un ligero toque de vinagre. Los renegados argumentaron que, si se aumentaba en gran medida la cantidad de vinagre, se protegían en efecto los tomates por el procedimiento de conservarlos en escabeche, obteniéndose un ketchup superior: más sano, más puro y con mejor gusto. Ofrecieron garantías por su producto, convencidos de que el público pagaría más por un ketchup mejor. Tenían razón: los ketchups de benzoato desaparecieron. El líder de aquella banda de renegados era un empresario de Pittsburg llamado Henry J. Heinz.Los cinco sabores fundamentales que reconoce nuestro paladar son el salado, el dulce, el ácido, el amargo y el umami. El umami es ese sabor propio de la sopa de pollo, el caldo de pescado, el queso viejo o la salsa de soja. Gusto a carne sin condimentar y con poca sal, pero mucho más intenso, con tendencia a rancio. El umami fue descubierto a principios de siglo. Y lo que hizo Heinz fue convertir en ketchup, sobre todo, en una fuente de umami.

También aumentó drásticamente la concentración de vinagre, consiguiendo que su ketchup tuviera el doble de acidez que el resto: así, además de ser una fuente de umami, también lo era de otro sabor, el ácido. También añadió más azúcar, consiguiendo que su ketchup también tuviera otro sabor: el dulce. Salado y amargo lo había sido siempre.
De modo que Heinz pulsaba las cinco notas fundamentales del sabor, sobre todo del umami, que en nuestro cerebro actúa informativamente como fuente de proteínas y aminoácidos.
El gusto del ketchup de Heinz comenzaba en la punta de la lengua, donde primero aparecen nuestros receptores de lo dulce y lo salado; después se desplazaba a lo largo de los lados, donde las notas ácidas parecen ser las más fuertes; luego llegaban a la parte trasera de la lengua, receptora de lo umami y lo amargo, en un largo crescendo. ¿Cuántos artículos del supermercado cubren el espectro sensorial de una manera tan completa?Sin embargo, a pesar de estos profundos acercamientos a los rasgos del ketchup, ningún investigador ha dado con la clave por la que el ketchup Heinz parece ser casi el único que la población americana desea consumir.  

Vicente Amigo. Taranta/Soleá.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Gaspar Llamazares "Copago, no: Repago y privatización"

Gaspar Llamazares / Presidente de la Comisión de Sanidad y Asuntos Sociales del Congreso y portavoz parlamentario de IU
Por si no fueran ya suficientes los discursos y las medidas de ajuste de los ‘cirujanos de hierro’ que pretenden hacer recaer los efectos de la crisis económica sobre los ciudadanos y sus derechos sociales y democráticos, resurge ahora el manido debate del copago como fórmula milagrosa para la moderación de la demanda de servicios en el sector sanitario, ya que se reconoce que no incidiría de forma significativa en la financiación del sistema.
Pero como en la guerra, también en las batallas ideológicas y sanitarias lo primero que muere es la verdad. En este caso el término copago pretende trasladar la imagen falsa del ‘gratis total’ hoy en día para los ciudadanos en la atención sanitaria, cuando son estos quienes financian nuestro Sistema Nacional de Salud con sus impuestos. Se trata, por tanto, no de copago sino de ‘repago’ ya que se pretende una doble imposición para financiar el sistema introduciendo de nuevo el precio en un sistema sanitario que hasta ahora se basaba en necesidades de salud y en valores como la universalidad, la equidad, así como la financiación y la previsión públicas. Todo ello quedaría cuestionado por un precio que, aunque supuestamente simbólico, aumentaría la marginación y la falta de equidad a los sectores con menor renta o peor informados y, por consiguiente, un mayor deterioro de su situación de salud que ya hoy está lejos de la de quienes disfrutan de las rentas más altas (hasta diez años de diferencia en esperanza de vida).
Además, este discurso se tiñe de hipocresía cuando se pretende que el sistema que buscan implantar (a partir de ahora repago) no tiene finalidad recaudatoria sino moderadora de una demanda sanitaria que se considera a priori abusiva.
Se da el caso de que el repago ya existe en la práctica en la adquisición de los medicamentos, cuando el trabajador en activo aporta nada menos que el 40% de su importe al ir a la farmacia. Paradójicamente, esta circunstancia asumida hace décadas y perfectamente evaluable en el tiempo no influye en la moderación de la demanda sino que es justo el gasto farmacéutico el que crece muy por encima del conjunto del resto de partidas. Es, al tiempo, el único epígrafe del gasto sanitario público en el que España se sitúa por encima de la media de la UE, presentando en lo demás uno de los mejores balances coste-efectividad de los sistemas de nuestro entorno.
Quizás sean otros los objetivos que se persiguen, más allá de la disuasión de acudir al médico, y son sus impulsores quienes deben explicarlo públicamente y sin hipocresías. En la demanda sanitaria el ciudadano decide mucho menos de lo que parece y si lo que se pretende es racionalizarla se precisan medidas que están recaen más del lado de la Administración y de los servicios, y no tanto de los usuarios y pacientes.
Se aducen razones como la utilización excesiva de las consultas de atención primaria o de urgencias. Sin embargo poco se dice de la escasez de medios y profesionales de la Atención Primaria, de la necesaria redistribución de funciones en los equipos o de las limitaciones de las políticas de salud pública, de educación y participación sanitaria de los ciudadanos. Invertir en ellas mejoraría sin lugar a dudas la calidad y reducirían el número de consultas que se pretenden limitar con el castigo del repago, como si los ciudadanos fueran el perro de Paulov, objetos de premio y castigo.
Si se trata de ‘estímulos negativos’ al consumo sanitario, ¿por qué no cortar en vez de por precio por edad, por estatura o por sexo? Se trata de medidas absurdas igualmente arbitrarias que no tienen nada que ver con la racionalización de la demanda sanitaria. Lo que ocurre realmente es que el repago se inscribe en la corriente privatizadora de los servicios públicos que se agudiza ahora con el pretexto de la crisis. Es la misma corriente que ve en el sistema sanitario y en el de pensiones públicas, y en general, en el Estado del Bienestar un nuevo nicho de mercado.
En España el repago no es un hecho aislado. Viene precedido de la privatización de la gestión sanitaria, a la que sigue la de la provisión de los servicios sanitarios. Con todo ello la sanidad privada ha adquirido en nuestro país un mayor papel que en el resto de Europa, configurando un subsistema privilegiado para las rentas altas y los sectores con poder de decisión al margen del Sistema Nacional de Salud.
La batalla a la que nos enfrentamos no es sólo la del repago, se llama privatización o, lo que es lo mismo, un fracaso sanitario y económico para los que lo han probado, pero un éxito de rentabilidad para los mercados, como ocurre en EE.UU (Obama dixit).

miércoles, 25 de agosto de 2010

Cartones.

Anoche, tras el partido del Madrid, vimos el final del programa "21 días fumao" (más o menos). Nos reímos bastante de los caretos de Samantha Villar (es asín, "Samantha", como la de las mamellas anteriores a las de Sabrina), con varios amarillos y muchas risas. Entrevistó (también más o menos), por cierto, al señor ese de las drogas que me dijo Sergio Zawinul. Lo siento, ahora no me acuerdo del nombre, pero me pareció bastante buena su opinión sobre el cannabis y sobre las pérdidas de atención de la periodista.

Después de ese programa, que recomiendo porque está bastante bien, vino otro: "21 días en la calle".
En este caso, risas pocas.
Samantha sale de su casa el primer día con el material para su cámara, una muda y lo puesto. Hasta el día de Navidad. 21 días viviendo en la puta calle.
Y es puta la calle, sí.
Decenas de historias; decenas de vidas rotas; por su culpa, diréis y, probablemente no os falte razón, pero eso no lo hace más llevadero; más al contrario, hace más fácil el abandonarse a su suerte.
Gente que lleva en la calle 21 años, con 42. Gente que perdió su trabajo de ejecutivo, perdió a su familia y perdió las ganas de luchar. Gente que echa de menos a los suyos, pero no quiere verlos porque no quieren reflejarse en sus ojos. Inmigrantes sin papeles que prefieren dormir entre basura que la vergüenza que supone para ellos el que les vean dormir en la calle. Personas que aprovechan el "abierto 24h." para que no les echen. Hombres y mujeres que, aún llevando la mitad de sus vidas en la calle, no se consideran "gente de la calle"; que prefieren rebuscar en la basura la comida que "rebajarse" a pedirla. Gorrillas. Que beben para no pensar. Que andan para no pararse a mirar.
Todo muy triste, la verdad. Triste porque CUALQUIERA PUEDE ACABAR ASÍ. Cualquiera. Quienes conocen las depresiones son conscientes de que, sin saber como, llega un momento en el que no quieres salir del túnel, no quieres volver al paso anterior a la depresión y tampoco quieres otra cosa que no sea quedarte ahí, en lo oscuro. Se está más cómodo, en un momento dado, como víctima que como luchador. 

Lo que más me dolió lo puedo separar en dos ejemplos que señalan una misma cosa.
  • Así, como quien no quiere la cosa, en una de las noches del frío invierno madrileño, Samantha decide dormir bajo techo en el albergue de la Casa de Campo. Se me desmontó el argumento, asimilado de tanto escucharlo de "si duermen en la calle porque quieren; un montón de camas vacías en los albergues toooodas las noches". Aprovechando que estaba la cámara de Cuatro, uno de los sin techo acusó a un Policía Local (y a un mecánico, a un médico y a 45 millones de españoles) con las siguientes palabras "son las 23:45 y llevo aquí desde las 19h, esperando a que me dejéis entrar con la que está cayendo; para que luego digáis que no queremos dormir bajo techo".
  • Una noche, ella tiene que dormir en la calle entre cartones, como ha aprendido de sus compañeros/rivales. Antes de dormirse, le dice a la cámara, nos dice a todos que tiene miedo, que hay mucho jaleo y está asustada por si alguien hace algo. Además, se teme que no ha hecho bien en decirle a tanta gente dónde iba a dormir. Todo ésto, tras haber contado que ha aprendido que, si bien un hombre está marginado por vivir en la calle, una mujer está doblemente marginada porque en sólo un puñado de días, alguien tan independiente como ella, ha asumido que para sobrevivir en la calle siendo mujer, lo mejor sería buscarse a un tío a modo de protección. Bien, pues tras haberse dormido con mucho miedo, se despierta gritando porque algo ha caído sobre sus cartones. Al asomarse para ver qué había pasado, ve a dos chavales, a dos niñatos que se han tirado encima de esos cartones por joder, por hacer la gracia. Ahí pierde la composturas y, una vez los hijos de puta esos han desaparecido, les define, les llama por su nombre.
La cosa que nos señalan esos dos ejemplos es que les despreciamos. Porque sí.
A mí me da mucha pena, probablemente porque sea así. Yo también miro para otro lado para no ver la realidad que nos rodea.

Los que dan asco no son ellos.

martes, 24 de agosto de 2010

JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO en el Diario Público.

JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO
Economista
El domingo 15 de agosto este diario publicó un extenso reportaje acerca del caos en el que se ha convertido nuestro sistema fiscal. Citaba, en primer lugar, un informe de la Agencia Tributaria que ponía de manifiesto algo que todos sospechábamos: que el tipo efectivo del Impuesto sobre Sociedades es muy inferior (el 10%) al tipo nominal, situado ahora tras diversas rebajas en el 30% .
El dato, además de escandaloso, es bien expresivo de la hipocresía de ciertos discursos formulados principalmente desde el sector empresarial que, basándose exclusivamente en el tipo nominal, afirman que en España el gravamen sobre sociedades es de los más altos de Europa. Lo cual no sólo es falso sino que se convierte en un sarcasmo si atendemos al tipo efectivo, es decir, al porcentaje que realmente pagan las empresas sobre sus beneficios, ya que el cúmulo de deducciones y desgravaciones termina por vaciar de contenido el impuesto.
Especial mención merece el tratamiento fiscal dado a las empresas españolas para que hagan de nuevo las américas y obtengan pingües beneficios en el exterior, a menudo esquilmando a esos países y sin ningún beneficio para la sociedad española. Todo lo contrario, puesto que financian sus aventuras exteriores a cargo del erario público, que les permite desgravar sus intereses.
El mencionado reportaje citaba también otro informe, este de la Comisión Europea, censurando las reformas fiscales acometidas en España desde 1997 –yo diría que incluso desde antes– y origen en buena medida del elevado déficit que mantenemos en la actualidad. Bien es verdad que es una pena que la Comisión, en lugar de aplaudir, no hubiese hecho esas advertencias cuando los gobiernos del PP, tras arrasar con sucesivas reformas el sistema fiscal, no se cansaban de vocear esa patochada de que bajando los impuestos se recauda más –por cierto, que lo siguen diciendo–. O cuando el PSOE postmoderno afirmaba aquello de que bajar los impuestos es de izquierdas, al tiempo que continuaba la obra del PP reduciendo el tipo del Impuesto sobre Sociedades, permitiendo que las rentas de capital permaneciesen fuera de la tarifa general del IRPF, propiciando el fraude en las SICAV, disminuyendo el tipo marginal del IRPF o eliminando el Impuesto sobre el Patrimonio. El ministro de Fomento ha declarado que se pagan pocos impuestos en España. No generalicemos. Son algunos los que no los pagan.

jueves, 19 de agosto de 2010

Cebollino.

"Con mar gruesa y fuerte viento de levante". "Créame cuando le digo que Irak tiene armas de destrucción masiva". "Los autores intelectuales del 11-M no están en montañas desiertas o rincones lejanos".

Ésto, más o menos textualmente, es a lo que nos acostumbró el Gobierno de San Josermaría Aznar de España y López de Alemania. Ésto y no otra cosa es el mejor modo en el que defiende a su país el mayor patriota que alguna Patria vio, las abdominales más resaltadas del gimnasio que ustedes elijan, el más madridista del Bernabéu, el más bigotudo de la barbería, la más novia en las bodas y el más muerto en los entierros.

Sí, han leído bien, así defienden este tipo de personas a su país. Porque los patriotas de hojalata, no tienen más Patria que ellos mismos, más país que sus amigos, más bandera que sus Rolex, sus Jaguars y sus pulseritas rojas, amarillas y rojas.

¿Por qué (se preguntarán ustedes) nos tratará de usted este tío? Pues por respeto hacia los desconocidos y por si alguien me "menea" la noticia. Una es decente, pero práctica.

Seguimos (ustedes y yo, no piensen que utilizo el plural mayestático, pues lo único mayestático en mí es la ignorancia). Este individuo, nunca mejor utilizado, se presenta a apagar un fuego que ya no existe, a avivar las llamas tal vez. 

Resulta que los, probablemente muy musulmanes, pero seguro que muy machitos de los marroquíes que intentan pasar a diario la frontera con Melilla (qué tendrán las fronteras que tantas cosas suceden a su alrededor), tienen problemas con la autoridad. Con la autoridad así, en femenino. Parece ser que a ciertos cabestros les moslesta que una mujer, esa serpiente que engañó a Adán (¿que eso es de la Biblia y no del Corán? Es igual; aún estoy esperando a una religión que respete a las mujeres), que sea una mujer, digo, la que le ordene y mande.

El problema, obviamente, no está ahí, porque en la España que el tal Aznar vivía plácidamente, tampoco es que la mujer tuviese relevancia más allá de ver, parir y callar. El problema es que el carnicerito de las Azores llevaba un tiempo fuera de los focos. El problema es que se alimenta de una Fundación cuyas iniciales coinciden ¿milagrosamente? con las de FAlange ESpañola. El problema es que vive en un Partido que vivió por él y que le debe tanto como las mujeres: ver y callar, coño, que es el vigía de occidente el que habla.

El problema, al fin y al cabo, es que éste vive muy bien gracias a un país que no sólo aguanta, sino que apoya y promueve desde al patriota de Perejil (sí, ese que a pesar de haber propiciado que pasase los del Yak-42, es el responsable de Justicia del PP -no es broma, se llama así algo en el PP; oxímoron creo que se llama el asunto-) al Cebollino de Melilla. Por la gracia de dios, supongo.

sábado, 14 de agosto de 2010

De los que son sólo un poco.

En aquel tiempo, servilleta creía que era un poco católico y un poco socialista. Llegué a esa errada (probablemente también herrada) conclusión por el mero hecho de que creía que había un dios y tal, y porque estaba afiliado al PsoE (aún lo estoy; no sé si darme de baja hoy o cuando ponga mi granito de arena para que Tomás Gómez FRANCO no sea el candidato a la Comunidad).

Por el lado creyente, mi error era como el pecado: original. Pero no sólo, aunque sobre todo, de origen, sino que pensaba que mis creencias eran originales, ideas mías.
Pero estaba equivocado. Por un lado, es obvia la no existencia de un dios, menos aún de "el dios"(aún no me explico como no lo veía, con lo claro que estaba), contrapuesto éste a los diosecillos falsos de los demás. Esa es la cara de esa luna que es la religión de la que todos, con una pizca de observación y con bastante reflexión y razón, deberían renegar puesto que es un instrumento de sometimiento y, sobre todo (y lo más dañino) de asunción (en minúscula, por supuesto) de que todo está escrito. Con renglones torcidos e inescrutablemente, pero escrito. Pero escrito por alguien superior, y por tanto no criticable (porque como eres tonto, no eres nadie para poner en duda lo que Él dijo -bueno, vale, que igual no lo dijo así, pero, joder, que está escrito en la Biblia-).
Lo de que lo mío era original, venía a cuento porque todos los que no siguen la doctrina de la Iglesia (SICAR en adelante), y aún así se declaran cristianos o católicos no practicantes, se creen muy listos. Lo digo desde el conocimiento de causa. Piensan algo así como "cojo de aquí y de aquí y me hago una religión a mi medida, en la que me sienta cómodo y no interfiera en mi vida privada, mientras en la vida pública (véase, las fiestas de mi pueblo) puedo, sin ningún tipo de hipocresía rezar el rosario en la novena, o ser el que más grita en el Señor reciba de tus manos este sacricificio para alabanza........". Craso error. No es más que hipocresía pura y dura cuando cogemos Dogmas de la SICAR y los convertimos en dogmitas para que se adapten a nuestro estilo de vida, y a lo que hace que seamos un tipo de animales diferentes: nuestra capacidad de razonar. Solo es hipocresía pensar que una parte es verdad y que otra es manipulada por los poderes interesados de la SICAR, mientras defendemos que "hombre, algo tiene que haber, sino, qué vida más triste si no hay nada después". No es más que hipocresía cuando nos convertimos en cristófagos, cuando pensamos que por repetir una oración (que si no fuese socialmente establecida como un rito aceptable, serías tratado como un puto loco) nueve días seguidos, estaremos preparados para vivir otro rito en el que se recitan (de memoria) otro paquete de oraciones, mantras comunitarios, y así, con nuestras mejores galas, tomar de las sucias manos del cura un cacho de nuestro dios. Y encima, la sangre no nos dejan probarla.
Pero, que quede claro: la mayor hipocresía está en quere pertenecer un poco a algo que te exige todo para dejarte participar. Yo he escuchado la siguiente frase "yo, es que soy un poco Testigo de Jehová". Así de estúpido es ser sólo un poco Católico.

Por otro lado, hay mucha gente de difícil definición. 
Según nos enseñó un compañero en el blog de Manolo una encuesta del CIS refleja que un 2% de los votantes de IU se proclaman conservadores, mientras un 3 ó 4% de los del PP, se llaman a sí mismos comunistas (yo conozco un caso de éstos).
Eso sí, no son los únicos hipócritas. Los hay que sin informarse sobre los orígenes del partido (hoy parece que la palabra clave es "origen"; Miguel me ha recomendado, por cierto, que vea esa peli de Di Caprio) reniegan de la raíz misma del Socialismo. No digo que obligatoriamente para ser del PsoE haya que saberse de memoria toda la literatura del hermano serio de los Marx, de hecho, yo me he leído un librico y pequeño, pero, joder, llámate a tí mismo pesoísta, no socialista. En el anterior ejemplo, (aviso: plural eutiquiástico) veíamos cómo no era correcto autodenominarte "católico no practicante" porque eso no existe, como no se puede estar un poco embarazada o un pelín muerto.
A lo que voy, uno puede considerarse socialista por el mero hecho de ser militante del PsoE (aunque eso no sea correcto), pero lo que no debe hacer es considerar a su socialismo (pesoísta) más mejón que el socialismo de un estudioso marxista. Ya, lo que riza el rizo es defender como socialismo auténtico lo del PsoE, cuando se enfrenta al de IU, por muy desunida que esté esa izquierda.

Vamos, que como ya no me afecta aquello de "no juzgues y no serás juzgado", me permito la licencia de juzgar a los listos que, a pesar de tener material para un libro sobre la hipocresía, se visten de blanco (roto, eso sí, que da más "glamú") para sentenciar a todo el que no se ajuste a los cánones de su religión o de su ideología PARTICULAR.

P.D.: Obviamente, en PsoE, la S de socialista y la O de obrero, aparecen en minúscula, no por voluntad del autor (en este caso el menda), sino por las actuaciones de los de ese partido (poniendo ésto último en el tonillo de "esa mujer" del gran Iñaki Zumake.

martes, 10 de agosto de 2010

No, si eso es como todo.

Me encontraba en medio de una pelea tonta cuando me se ha pasao una idea por el celebro: habría que utilizar el lenguaje tal como hacíamos de niños, sin retorcerlo, sin eufemismos.

Aznar es uno de los mayores hijos de puta que ha dado la cosa pública en los últimos 40 años. Así, tal cual, igual suena fuerte, pero tampoco creo que tenga que explicar durante mucho tiempo el por qué para que el personal acabe dándome la razón. Si nos mintió sobre el mayor atentado de la historia de su amada Patria ¿por qué fiarnos de nada que diga?

Zapatero es uno de los mayores traidores de la clase trabajadora desde Felipe González. Esto, aún no sonando tan fuerte como lo anterior, tal vez merezca una explicación más larga, máxime cuando un servilleta ha proclamado su amor hacia él hasta la extenuación, hasta el punto de que si me afilié al PsoE fue por él, por su programa, porque me lo creía, defendiendo lo indefendible con las excusas más peregrinas (que si gobierna en minoría, que si bastante hace según están las cosas, que si con el PP estaría todo peor aún; cosas que, siendo verdad, no hacen menos dolorosas las puñaladas). Él, con su cara de bueno, nos pidió a los jóvenes (sí, qué pasa, yo pertenezco aún a ese grupo poblacional) confianza, nos prometió que no nos fallaría y se ha sacado de la manga (de la manga de Díaz Ferrán) una reforma que vende a los jóvenes, vende a los trabajadores en general y nos va avisando de que las cosas se pondrán peor para nosotros, de que en breve irán las pensiones, el copago sanitario y sus muertos tós.

Pues, eso: que los pelos en la lengua nunca han sido buenos, vengan de la actividad que vengan. Menos si es de hablar de nuestros empleados, de nuestros supuestos representantes.