No podía ser de otra manera...
Calzo mis cascos, calzado cómodo,
reúno ganas para salir, acudir
a ese remanso de paz en el que vive,
en una preciosa atmósfera, casi,
casi probando el sabor de ese,
el ambiente tuyo del que me hablaste
entre nuestras risas de aquel día trece,
nuestro día uno.
Y aquí me hallo (gracias,
también por esto) escuchando
una guitarra que hoy no me apetece
tocar, porque huele a tu cuello.
Aquí, donde el destino me vuelve
a traer, a la esquina donde nos dimos
el que temía último beso, Él, vuelve
juguetón a sonreír a mi costa, vuelve
a traerme un poema, esta vez
sin tu voz, esta vez, en la pleamar
de Alberti, en la de Miguel Bosé.
Lo siento, lo he oído, pero no escuchado.
No podía ser de otra forma,
todo esto, esta página que hoy pasamos
me dejó un buen sabor de boca.
No podía ser de otra forma,
tu buen sabor en mi boca.
jueves, 21 de diciembre de 2017
Alma
¿Ves? Sólo descanso cuando llego
a la respuesta que me haga cuadrar.
¿Te das cuenta? Una vez más, equivoqué
mi camino, confundí los porqués,
llegué a conclusiones erróneas, por esa
distinta manera mía de sentir.
Ya sabes, (no lo diré, menos aún, escribiré
las cuatro letras que me mueven)... ya,
ya sabes, decía, que escribo sin pensar,
porque mi manera de hacerlo, la razón
contra mis sentiemientos, me ha llevado
siempre lejos de mí, lejos de ti, más si cabe.
Escribo mientras escucho esta música,
esta sencilla forma de matar mis preguntas.
Al escuchar estas notas, mientras trabajaba,
pensé en aquella vez primera que el trémolo
se dibujó en tu sonrisa, el primer asomo
de aquel pecado original por el arte de pecar,
aquella primera vez de miles, en las que,
tonto de mí, acabo cambiando de tema.
Entonces, hace nada, preguntaba por qué
el que con tanta maestría toca esos tresillos,
que, cosas del flamenco, son cuartetos,
él, que tan bien toca el limpio instrumento
que ofrece la libertad de mí, a mí...
Por qué, quien compuso esa belleza,
le puso "Alma" en vez de "Calma".
¡Qué tonto fui! !Estaba claro!
lo que precede a nuestro trémolo,
es una Taranta, un palo en las costillas
de los mineros, de Jaén hasta Almería.
Un palo, este, que junto a la Soleá,
duele en el alma si lo escuchas
en la voz de una guitarra,
si lo escucho solo. Sólo. Contigo.
a la respuesta que me haga cuadrar.
¿Te das cuenta? Una vez más, equivoqué
mi camino, confundí los porqués,
llegué a conclusiones erróneas, por esa
distinta manera mía de sentir.
Ya sabes, (no lo diré, menos aún, escribiré
las cuatro letras que me mueven)... ya,
ya sabes, decía, que escribo sin pensar,
porque mi manera de hacerlo, la razón
contra mis sentiemientos, me ha llevado
siempre lejos de mí, lejos de ti, más si cabe.
Escribo mientras escucho esta música,
esta sencilla forma de matar mis preguntas.
Al escuchar estas notas, mientras trabajaba,
pensé en aquella vez primera que el trémolo
se dibujó en tu sonrisa, el primer asomo
de aquel pecado original por el arte de pecar,
aquella primera vez de miles, en las que,
tonto de mí, acabo cambiando de tema.
Entonces, hace nada, preguntaba por qué
el que con tanta maestría toca esos tresillos,
que, cosas del flamenco, son cuartetos,
él, que tan bien toca el limpio instrumento
que ofrece la libertad de mí, a mí...
Por qué, quien compuso esa belleza,
le puso "Alma" en vez de "Calma".
¡Qué tonto fui! !Estaba claro!
lo que precede a nuestro trémolo,
es una Taranta, un palo en las costillas
de los mineros, de Jaén hasta Almería.
Un palo, este, que junto a la Soleá,
duele en el alma si lo escuchas
en la voz de una guitarra,
si lo escucho solo. Sólo. Contigo.
Intro & Alma
Porque, aunque no lo creas,
aunque te gustase y sonrieses
pícaramente por la explicación,
el arte, el corazón,
el sentimiento en un trémolo
se aleja de lo obvio, de la técnica,
de las uñas de la mano izquierda.
Lo que hace bello a un trémolo,
ese pellizco que otros tienen,
es la habilidad de esa mano,
la suave, la desnuda, la izquierda.
aunque te gustase y sonrieses
pícaramente por la explicación,
el arte, el corazón,
el sentimiento en un trémolo
se aleja de lo obvio, de la técnica,
de las uñas de la mano izquierda.
Lo que hace bello a un trémolo,
ese pellizco que otros tienen,
es la habilidad de esa mano,
la suave, la desnuda, la izquierda.
Camino al Alma
Calla, cierra esos preciosos ojos.
No hables, no, sólo escucha, sola.
Es de la guitarra de dónde nace todo,
nuestro sol, nuestro son, lo que soy,
la suma de ancestrales dolores,
millardos de fiestas, vinos, risas,
infinitos ayes, incontables oles...
"Y eres agua en el desierto,
que clama mi sed,
abrigo en el invierno,
un bello atardecer.
Por las noches no duermo
¡ay, ay! me robas el sueño".
— estoy viajando a la belleza...
No hables, no, sólo escucha, sola.
Es de la guitarra de dónde nace todo,
nuestro sol, nuestro son, lo que soy,
la suma de ancestrales dolores,
millardos de fiestas, vinos, risas,
infinitos ayes, incontables oles...
"Y eres agua en el desierto,
que clama mi sed,
abrigo en el invierno,
un bello atardecer.
Por las noches no duermo
¡ay, ay! me robas el sueño".
— estoy viajando a la belleza...
Roma
Roma. Roma...
Como si de una conspiración universal se tratase,
todo me lleva a ti, a nuestras conversaciones,
sonrisas y emociones mezcladas en esto,
esto nuestro que tanto huye de la razón,
razón por la cual (mi niño, siempre jugando)
nos seguimos sintiendo cerca,
aunque de forma rara, distinta,
no distante...
Roma, una de tantas ciudades
por descubrir para mí, sin ti,
"yo no sé mañana" si será contigo.
Como el norte de Portugal, o el sur,
Córdoba, desde donde el maestro,
en su casa, te regala su Roma.
Como Florencia, una ciudad que siempre
me sabrá a ti, a Renacimiento, a que
los para siempre no nos pertenecen,
pues son del tiempo, a que "¡ay mío!"
los amores de verdad, serán siempre,
son inmortales. Como Roma.
Mientras escriba, mientras sienta,
durante las vidas en las que sueñe y
siga sonando a la guitarra que huele a ti,
siempre que de mí salga un poema,
estarás aquí, conmigo.
Como si de una conspiración universal se tratase,
todo me lleva a ti, a nuestras conversaciones,
sonrisas y emociones mezcladas en esto,
esto nuestro que tanto huye de la razón,
razón por la cual (mi niño, siempre jugando)
nos seguimos sintiendo cerca,
aunque de forma rara, distinta,
no distante...
Roma, una de tantas ciudades
por descubrir para mí, sin ti,
"yo no sé mañana" si será contigo.
Como el norte de Portugal, o el sur,
Córdoba, desde donde el maestro,
en su casa, te regala su Roma.
Como Florencia, una ciudad que siempre
me sabrá a ti, a Renacimiento, a que
los para siempre no nos pertenecen,
pues son del tiempo, a que "¡ay mío!"
los amores de verdad, serán siempre,
son inmortales. Como Roma.
Mientras escriba, mientras sienta,
durante las vidas en las que sueñe y
siga sonando a la guitarra que huele a ti,
siempre que de mí salga un poema,
estarás aquí, conmigo.
miércoles, 20 de diciembre de 2017
Anduve perdido
Anduve perdido por caminos pedregosos,
yo, que siempre fui quien se orientó,
vagaba por lares inhóspitos
en busca de algo que no ha de buscarse.
Deduje, después de algún tiempo,
de lágrimas y gritos, que algo estaba mal,
que el amor, igual que el éxito,
no es algo para lo que sea necesario sufrir,
que un objetivo tan bello,
no debe llevar el peaje del dolor.
Entonces, cuando me curé,
cuando las heridas que creí necesarias
y merecidas, estaban ya sanadas,
conocí un nuevo vehículo para mi sentir,
un medio por el que por fin,
fondo y forma viven en comunión,
dándome lo que quiero,
sin necesidad de buscarlo.
Un medio con el que lograr mi fin,
una forma de escribir mi alma
con tinta de corazón.
Un medio, tus letras,
que llevan ¡al fin! a amar.
Yo, exigente para siempre con el amor,
alguien que no negocia emociones,
alguien que pensaba que sabía lo que quería,
reconozco humildemente mi error,
pues no quiero que me completes,
pues nací entero,
no quiero que me cures
de heridas que no me hiciste,
no quiero consuelo,
pues lo encuentro en tus labios,
no quiero buscar, pues ya te he encontrado,
porque, al final, amor,
lo único que quiero es
perderme en esa salvaje selva,
en la mar esmeralda de tus ojos.
yo, que siempre fui quien se orientó,
vagaba por lares inhóspitos
en busca de algo que no ha de buscarse.
Deduje, después de algún tiempo,
de lágrimas y gritos, que algo estaba mal,
que el amor, igual que el éxito,
no es algo para lo que sea necesario sufrir,
que un objetivo tan bello,
no debe llevar el peaje del dolor.
Entonces, cuando me curé,
cuando las heridas que creí necesarias
y merecidas, estaban ya sanadas,
conocí un nuevo vehículo para mi sentir,
un medio por el que por fin,
fondo y forma viven en comunión,
dándome lo que quiero,
sin necesidad de buscarlo.
Un medio con el que lograr mi fin,
una forma de escribir mi alma
con tinta de corazón.
Un medio, tus letras,
que llevan ¡al fin! a amar.
Yo, exigente para siempre con el amor,
alguien que no negocia emociones,
alguien que pensaba que sabía lo que quería,
reconozco humildemente mi error,
pues no quiero que me completes,
pues nací entero,
no quiero que me cures
de heridas que no me hiciste,
no quiero consuelo,
pues lo encuentro en tus labios,
no quiero buscar, pues ya te he encontrado,
porque, al final, amor,
lo único que quiero es
perderme en esa salvaje selva,
en la mar esmeralda de tus ojos.
sábado, 16 de diciembre de 2017
Todo encajó
Llegó en el mejor momento,
en el suyo,
entre lo que pensé que eran bromas y,
tal vez, sea lo más serio que haga
en las próximas veinte horas...
o veinte vidas.
Llegó cómo llega lo bueno,
por sorpresa,
como una estampida calmada,
como una tranquilidad de mal asiento,
entre oxímoron y poema,
entre canción y canción.
Llegó para quedarse,
pues aunque el martes no llegue,
aunque la niebla no se disipe,
aunque cualquier meteorito
de los que no se ven, arrasase la tierra,
esto, lejos de aquellas tontás comillas,
esto, esto, esto es de verdad.
Deseo que llegue mañana,
deseo que llegue Florencia,
deseo que llegue un vago domingo de cualquier noviembre.
Deseo, como mi pero, siempre en la boca,
tal vez para no gritar otras palabras.
Y, de repente... todo encajó.
en el suyo,
entre lo que pensé que eran bromas y,
tal vez, sea lo más serio que haga
en las próximas veinte horas...
o veinte vidas.
Llegó cómo llega lo bueno,
por sorpresa,
como una estampida calmada,
como una tranquilidad de mal asiento,
entre oxímoron y poema,
entre canción y canción.
Llegó para quedarse,
pues aunque el martes no llegue,
aunque la niebla no se disipe,
aunque cualquier meteorito
de los que no se ven, arrasase la tierra,
esto, lejos de aquellas tontás comillas,
esto, esto, esto es de verdad.
Deseo que llegue mañana,
deseo que llegue Florencia,
deseo que llegue un vago domingo de cualquier noviembre.
Deseo, como mi pero, siempre en la boca,
tal vez para no gritar otras palabras.
Y, de repente... todo encajó.
Si cierro los ojos
Si cierro los ojos,
recuerdo tu olor,
aroma a guitarra flamenca,
a polvo de ciprés.
Si abro la boca,
me sabe a tu nombre,
te llamo ¡ven!
¡ven conmigo!
Si toco el vacío junto a mí,
en mi cama, pienso que ese,
tu lado, se llena con tu ausencia
cuanto más recuerdo
lo que nunca tuve.
Mi oído,
también busca tus eses en el aire,
tu agradable risa,
esa voz que todo lo llena.
Mi corazón,
que estaba casi recompuesto del todo,
anhela lo que nunca tuvimos,
resquebrajándose a cada paso,
con la esperanza de que
esos largos dedos
vuelvan a jugar en él,
de que esos bellos labios
se llenen de fabulosas muecas,
de que tu linda nariz
baile al son de tus verdes ojos.
Si, después de pensarte,
abro los míos,
cuando le pregunto a esa lágrima
si cae por ti o por mí, ella,
ágil como tú lengua,
hábil como mis manos,
me recuerda que llora por ti,
llora por mí,
pero que es una gota de alegría,
por lo que fue, lo que podría ser.
Porque, como una vez te leí,
antes de quererte,
tal vez sea el futuro
el lugar en el que nos toque vivir
esto nuestro.
recuerdo tu olor,
aroma a guitarra flamenca,
a polvo de ciprés.
Si abro la boca,
me sabe a tu nombre,
te llamo ¡ven!
¡ven conmigo!
Si toco el vacío junto a mí,
en mi cama, pienso que ese,
tu lado, se llena con tu ausencia
cuanto más recuerdo
lo que nunca tuve.
Mi oído,
también busca tus eses en el aire,
tu agradable risa,
esa voz que todo lo llena.
Mi corazón,
que estaba casi recompuesto del todo,
anhela lo que nunca tuvimos,
resquebrajándose a cada paso,
con la esperanza de que
esos largos dedos
vuelvan a jugar en él,
de que esos bellos labios
se llenen de fabulosas muecas,
de que tu linda nariz
baile al son de tus verdes ojos.
Si, después de pensarte,
abro los míos,
cuando le pregunto a esa lágrima
si cae por ti o por mí, ella,
ágil como tú lengua,
hábil como mis manos,
me recuerda que llora por ti,
llora por mí,
pero que es una gota de alegría,
por lo que fue, lo que podría ser.
Porque, como una vez te leí,
antes de quererte,
tal vez sea el futuro
el lugar en el que nos toque vivir
esto nuestro.
Otra fotografía que no hice
Ahí estaba, en un sofá.
Lástima que mi daltonismo
no me permita describírtela, amigo.
Sólo sé de verdes ojos, rubio cabello,
de su rojo carmín enmarcado por
una hipnótica letra eme mayúscula.
Sólo se, querido amigo,
de sus negros transparentes,
que dejan entrever unos secretos
que lo son para mí,
una expresión que desconozco,
tal vez por ser lejana en el tiempo o
en las cuitas.
Reconozco, hermano mío,
que parece muy distinta, más fuerte,
tal vez, pero que esta y aquella,
me dejan sin respiración por igual,
porque además de perderme con sus besos,
me muero con sus sesos.
No, hermano, no hagas trampa,
no quieras saber cuál me gusta más,
puesto que a esta no puedo acercarme
y a aquella, entonces no hubiera mirado.
Creo, mi fiel compañero,
que al fin y al cabo,
el destino nos cruzó,
acercó nuestros corazones,
y el destino también es culpable
de que se nos pierdan tantos besos.
Lástima que mi daltonismo
no me permita describírtela, amigo.
Sólo sé de verdes ojos, rubio cabello,
de su rojo carmín enmarcado por
una hipnótica letra eme mayúscula.
Sólo se, querido amigo,
de sus negros transparentes,
que dejan entrever unos secretos
que lo son para mí,
una expresión que desconozco,
tal vez por ser lejana en el tiempo o
en las cuitas.
Reconozco, hermano mío,
que parece muy distinta, más fuerte,
tal vez, pero que esta y aquella,
me dejan sin respiración por igual,
porque además de perderme con sus besos,
me muero con sus sesos.
No, hermano, no hagas trampa,
no quieras saber cuál me gusta más,
puesto que a esta no puedo acercarme
y a aquella, entonces no hubiera mirado.
Creo, mi fiel compañero,
que al fin y al cabo,
el destino nos cruzó,
acercó nuestros corazones,
y el destino también es culpable
de que se nos pierdan tantos besos.
domingo, 3 de diciembre de 2017
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
