miércoles, 29 de septiembre de 2010
Jesús Maraña, Director del diario Público: Lo que está en juego.
http://blogs.publico.es/buzondevoz/333/lo-que-esta-en-juego-2/
Un solo punto de la reforma laboral decidida por el Gobierno habría justificado la huelga general convocada para hoy por los sindicatos mayoritarios. El artículo 2 de la ley aprobada con los votos del PSOE gracias a la abstención de CiU y PNV facilita a las empresas los despidos por causas económicas (con indemnización de 20 días por año trabajado) “en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos…”. Lo cual equivale en la práctica al despido libre y muy barato, porque el contable más torpe es capaz de dibujar una previsión de pérdidas o disminución de ingresos aun en ciclos de bonanza si eso es lo que le interesa al empresario. Durante los meses que lleva en vigor, los datos demuestran que esta reforma tampoco reduce la precariedad laboral ni la temporalidad, principal característica del mercado español y una de las causas que explican la rapidez con la que aquí se crea empleo en épocas de vacas gordas (burbuja inmobiliaria) y se destruye cuando vienen mal dadas. Otras medidas como la anunciada reforma de las pensiones públicas o los recortes múltiples y variados al Estado del bienestar constituyen también argumentos fundados para que los sindicatos utilicen su principal arma de presión y protesta: el derecho a la huelga.
Un solo punto de la reforma laboral decidida por el Gobierno habría justificado la huelga general convocada para hoy por los sindicatos mayoritarios. El artículo 2 de la ley aprobada con los votos del PSOE gracias a la abstención de CiU y PNV facilita a las empresas los despidos por causas económicas (con indemnización de 20 días por año trabajado) “en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos…”. Lo cual equivale en la práctica al despido libre y muy barato, porque el contable más torpe es capaz de dibujar una previsión de pérdidas o disminución de ingresos aun en ciclos de bonanza si eso es lo que le interesa al empresario. Durante los meses que lleva en vigor, los datos demuestran que esta reforma tampoco reduce la precariedad laboral ni la temporalidad, principal característica del mercado español y una de las causas que explican la rapidez con la que aquí se crea empleo en épocas de vacas gordas (burbuja inmobiliaria) y se destruye cuando vienen mal dadas. Otras medidas como la anunciada reforma de las pensiones públicas o los recortes múltiples y variados al Estado del bienestar constituyen también argumentos fundados para que los sindicatos utilicen su principal arma de presión y protesta: el derecho a la huelga.
Pero, con ser importantes todos estos argumentos, lo que hoy está en juego trasciende la legítima confrontación entre los intereses de empresarios y trabajadores; o la lógica indignación de un electorado progresista hacia un Gobierno que pone en práctica medidas casi tan injustas para los más débiles como las que con toda seguridad aplicaría un gobierno conservador. Ha sido el propio presidente, con su explicación de las razones que lo llevaron en junio a poner en marcha los duros ajustes, el que ha puesto en evidencia los graves riesgos que corre la democracia en su pulso con el capitalismo globalizado. Zapatero ha argumentado que “no tenía otro remedio” que atender las exigencias de los mercados para evitar la quiebra financiera del Estado. Lo cual equivale a asumir que el poder real en esta democracia no lo ejercen los representantes elegidos por los ciudadanos, sino otros individuos cuyas decisiones e intereses particulares condicionan que un país pueda o no arruinarse. El problema de esta quiebra democrática no es exclusivo de Zapatero, aunque resulta obvio que Merkel, Berlusconi o Sarkozy visten mucho más cómodos el traje de corte neoliberal.
Aquí no se trata sólo de denunciar la meridiana injusticia de que los causantes de la gravísima crisis financiera sean en parte los mismos que ahora dictan soluciones supuestamente indiscutibles. Hoy no sólo está en juego la defensa del Estado del bienestar frente a quienes aspiran a descuartizarlo y a desregular aún más la economía especulativa. Sobre el tapete de esta huelga general está en juego el sentido mismo de la democracia: los ciudadanos deciden en las urnas quiénes deben ejercer el poder durante cada legislatura. Se equivoca Zapatero al ceder a otros poderes no sólo el qué sino el cómo de una política económica. Y no se entera Rajoy si de verdad cree que el 29-S no va con él. Los sindicatos se juegan mucho, sí, pero los políticos y el resto de los ciudadanos se juegan incluso más.
Vicenç Navarro en el Diaro Público: La importancia de la huelga general.
Agradezco a la dirección de Público que me permita adelantar esta semana la columna que escribo cada jueves en este diario con la finalidad de alentar al lector a que se sume a la huelga general, un evento de extraordinaria importancia, con amplias repercusiones sobre el bienestar de la población en España y, muy en particular, de sus clases populares. El establishment español (las instituciones, fuerzas políticas, grupos empresariales y financieros y mayores medios de información que dominan la vida política, económica, financiera y mediática del país) está imponiendo unas políticas con el objetivo último de disminuir los salarios de los trabajadores y recortar la financiación del ya poco desarrollado Estado del bienestar (el gasto público social por habitante continúa a la cola de la UE-15, el grupo de países de la UE más próximos a nosotros por su nivel de desarrollo económico). La única diferencia entre los distintos sectores del establishment es la intensidad de los recortes. Las derechas en la oposición reclaman incluso más recortes. PP, CiU y PNV están pidiendo más reducciones del número de trabajadores en los servicios públicos del Estado del bienestar –sanidad, educación, servicios domiciliarios, escuelas de infancia, entre otros– en el país que tiene menos empleados públicos de la UE-15 (el 10% de la población adulta, comparado con el 15% en la UE-15 y el 25% en Suecia). Nunca antes durante la democracia el Estado del bienestar y la calidad de vida de la población habían estado tan amenazados. No hay duda de que estas políticas afectarán negativamente a la gran mayoría de ciudadanos y a sus descendientes.
El establishment español es consciente de que estas medidas son impopulares, pero las defiende como necesarias y como las únicas posibles, indicando que no hay alternativas. Se necesitan –dice tal establishment– para calmar a los mercados financieros, que compran la deuda soberana española. Y hemos visto la visita del presidente Zapatero a Wall Street (el centro financiero de EEUU) como un acto de vasallaje a la banca estadounidense, para asegurarles que será duro y no vacilará en imponer medidas impopulares al pueblo español. Y así lo han promovido los medios de mayor difusión, al subrayar que tales medidas son la medicina amarga necesaria para salvar al paciente (la economía española). Y toman como prueba de recuperación los débiles indicadores de un minúsculo crecimiento económico.
Estas explicaciones son erróneas. En primer lugar, el mayor problema que tiene España es el desempleo, el más elevado de la UE-15. La cifra de desempleo (el 19% de la población activa) es conocida. Pero la que no se conoce es que el 46% de la población empleada tiene miedo a perder el puesto de trabajo. De ahí que el criterio de evaluación de las políticas públicas debiera ser su capacidad de creación de empleo. Y las políticas de austeridad del gasto público están destruyendo empleo.
El problema económico al que España se enfrenta se debe a la disminución de las rentas del trabajo como porcentaje de la renta nacional durante estos 15 años, con el consiguiente endeudamiento de las familias. Al colapsarse el crédito, se creó el enorme problema de la falta de capacidad de consumo, cayendo la demanda en picado y disparándose el desempleo. Y, por otra parte, el enorme crecimiento de las rentas del capital, facilitado por los comportamientos especulativos de la banca, determinó una serie de burbujas –la última, la inmobiliaria– que, al estallar, crearon el enorme problema de la falta de crédito. Los siguientes datos sintetizan esta realidad. Entre 1995 y 2005, los costes laborales en España aumentaron sólo un 3,7%, cinco veces menos que la media de la UE-15, del 18,2%. Mientras, las empresas españolas vieron aumentar sus beneficios netos un 73% (más del doble de la media de la UE-15, un 33%), siendo las empresas bancarias españolas las que tenían y tienen más beneficios de la UE-15 y, a la vez, las que dificultan más el acceso al crédito.
Esta polarización de las rentas ha creado un grave problema de demanda, consecuencia de la enorme disminución de la capacidad adquisitiva de la población y la escasez de crédito, problemas que requieren una expansión muy notable del gasto público en creación de puestos de trabajo (muy en particular en las áreas deficitarias de empleo, como son los servicios del Estado del bienestar) y en nuevas industrias como las verdes y ecológicas. El problema que dificulta la aplicación de tales políticas expansivas es que, como consecuencia de la enorme reducción de impuestos de estos últimos 20 años, que ha beneficiado a las rentas del capital y rentas superiores, el Estado está también profundamente endeudado. Esta disminución de los impuestos es una de las causas de que disminuyeran los ingresos al Estado –pasaron de representar el 41% del PIB en 2007 al 34% en 2009– y de que crecieran el déficit y el endeudamiento públicos. Ahora bien, estas políticas fiscales regresivas pueden y deben corregirse. Expertos del Sindicato de Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) han calculado que el Estado podría ingresar 38.000 millones de euros fácil e inmediatamente (una cantidad mayor que la conseguida con los recortes de derechos) corrigiendo algunas de estas medidas regresivas sin tocar el bolsillo de la mayoría de la ciudadanía.
En lugar de ello, el Gobierno ha hecho unos retoques claramente minúsculos sin mostrar ninguna voluntad de corregir la polarización de las rentas. Y los partidos conservadores están incluso pidiendo mayores recortes de impuestos en favor de los ricos. Tales políticas, además de ser profundamente injustas, son contrarias a las que se necesitan para salir de la crisis. Nunca un país ha salido de una gran recesión siguiendo políticas de austeridad en el gasto público.
De ahí la enorme necesidad de que la población se movilice en contra de tales políticas. Y puede cambiarlas. Así ocurrió en la Unión Europea cuando el establishment europeo había propuesto alargar la semana laboral a 65 horas. Las movilizaciones pararon aquella directiva. Y lo mismo ocurrió en España. Las huelgas generales anteriores pararon reformas negativas y estimularon el crecimiento del gasto público. Y lo mismo puede y debe ocurrir ahora.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy en The Johns Hopkins University.
lunes, 27 de septiembre de 2010
JODEEEEERRRRRRR.
El martes 19 de Octubre, en la Ciudad Deportiva del Real Madrid C. F., mi shico, el David jugará un partido, el R. Madrid - At. de Pinto.
Antes, no cabía en la ropa; ahora, no quepo en mí mismo.
Aún recuerdo cuando, en Alevín o Infantil (diez ó doce años) nos metió un 12-1 un filial del Madrid, así que sé que será una experiencia inolvidable para mi hijo. Por eso estoy tan contento, porque si no pasa nada raro como que, por ejemplo, tenga una suerte bárbara en el futuro, no se verá en otra igual ya que hace falta algo más que jugar bien para llegar a ciertos niveles. Espero equivocarme. Nunca se sabe.
Aún recuerdo cuando, en Alevín o Infantil (diez ó doce años) nos metió un 12-1 un filial del Madrid, así que sé que será una experiencia inolvidable para mi hijo. Por eso estoy tan contento, porque si no pasa nada raro como que, por ejemplo, tenga una suerte bárbara en el futuro, no se verá en otra igual ya que hace falta algo más que jugar bien para llegar a ciertos niveles. Espero equivocarme. Nunca se sabe.
Zapatero y el Papa.
Gracias a Hugo "El Siamés", hemos conseguido saber qué le dijo Zapatero al Papa y el porqué de la financiación con el dinero de todos los españoles (también del de los ateos) la visita del Vicediós, Peneadicto XVI.
Zapatero: Padre, he visto la luz.
Ratanazinger: ¿Y qué has hecho, hijo mío?
Zapatero: ¡SUBIRLA!
viernes, 24 de septiembre de 2010
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Sara Carbonero.
No voy a entrar en lo obvio más allá de lo que es la obviedad por antonomasia (que no sé que significa, pero parece ser algo así como "que te cagas"): Sara Carbonero está más buena que yo.
Pues bien, como la chica es maja, lo demás no importa. Da igual si ha dicho lo que muchos pensamos, que Cristiano Ronaldo es individualista y egoísta (como ¿casi? todos los goleadores), daa igual si es una buena profesional, da igual si sólo le faltan dos exámenes para terminar su carrera de periodista (carrera que no tienen la inmensa mayoría que comparten platós y estudios con ella, bien en el caso del deporte, bien en el de la mal llamada "prensa del corazón") y que si no los hizo en su momento, fue porque se marchó a Sudafrica para cubrir el Mundial de Fútbol. Lo que importa es que está buena. Bueno, y que es novia de Casillas.
El tal Pipi Estrada, un impresentable del que se conocen más detalles últimamente por su vida personal (impersonal, diría yo) o por su participación en la mierda de televisión que padecemos, goza de un gran prestigio en el mundo de la prensa deportiva. Ella, no.
Pensándolo bien, María Antonio Iglesias tampoco goza del prestigio que sus intervenciones públicas sin duda merecen, pero en su caso, no es por estar buena, sino por lo contrario.
Pensándolo mejor aún, el casi cualquier caso de mujer que tenga éxito, se debe, sin duda, a que se la chupa a su jefe, o es sobrina del director.
Igual no es un problema de la belleza exterior y evidente de Sara Carbonero, sino de la fealdad del interior de muchos de nosotros.
Ella, dará gustico, pero nosotros damos pena.
lunes, 20 de septiembre de 2010
domingo, 19 de septiembre de 2010
Jesús Maraña, Director del diario Público.
El falso apocalipsis de las pensiones
No debe sorprender ya la insistencia con la que gobernantes y analistas firman partes de defunción del sistema público de pensiones. Lo que causa cierta perplejidad es que además pretendan que nadie discuta los vaticinios de esos agoreros empeñados en salvar al resto del mundo en cómodos plazos. Si el pronóstico que lanzaron a mediados de los noventa hubiera sido acertado, la Seguridad Social andaría hoy criando malvas.
Aquella falsa alarma supuso, además de algunas reformas necesarias, un crecimiento vertiginoso del negocio de los fondos privados, que ahora mueven en España más de 84.000 millones de euros. El estallido de la crisis inmobiliaria y financiera ha puesto en evidencia que el verdadero riesgo de quiebra lo sufren precisamente los planes privados, y no los públicos. Para mantener y elevar su rentabilidad, los gestores de los fondos (actores principales de los enigmáticos mercados) han invertido en esos productos de riesgo que originaron la explosión de la burbuja especulativa.
Su rentabilidad –que nunca fue la prometida– ha caído en picado, mientras la Seguridad Social goza de superávit. Los números confirman lo que cabía sospechar: cuanto más sólido sea el futuro del sistema público, más difícil es la captación de fondos para el negocio privado. El apocalipsis que vuelve a planear sobre otro mimbre del Estado del bienestar tiene más relación con ese hundimiento del sector privado que con la pirámide demográfica.
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