jueves, 19 de abril de 2012

No tengo vergüenza...

... pero como sí tengo dignidad, escribiré.
Aunque os joda.

Llevo mucho tiempo sin pasar por aquí, casi ni a contestar a vuestros inmerecidos comentarios.

Lo cierto es que no tengo muchas ganas de escribir. Está todo echándose a perder y no creo que esta situación requiera a estas alturas que un mascachapas como yo se ponga en plan filósofo.

Hace unas semanas, en mi última entrada, traje unas reflexiones que copié del muro del facebook del compañero Donato Expósito muy celebradas a cascoporro por la gente comprometida pero que, visto lo visto, "intelectualmente" no es suficiente para decir que se está comprometido, pues habrá que pasar a ser mártir de las nuevas leyes de Mariano.

Convoco, casi invoco, a la clase trabajadora a decir basta a tanto atropello.
Uno puede aguantar que se zumben a su parienta, puede aguantar que se sepa y puede aguantar que la peña haga bromas. Lo que no debe hacer gracia es que las bromas las haga tu compañera en El Club de la Comedia.
Y no es ningún rollo posesivo machito apocao. No. Es que en algún sitio tendrá que poner uno la raya y ahí, supongo, estaría la mía.

Bueno, que no quiero desviarme lo suficiente como para que algún delegado de UGT (véase "imbécil" en el DRAE) interprete que el anterior ejemplo, unido al siguiente párrafo, como una oda a la violencia machista o algo así.

Decía que hago un llamamiento a la rebelión, aunque sea pacífica, contra el poder establecido. Establecido por otros, ni siquiera con la pantomima de las Elecciones Generales, que ahí, por lo visto, no se elije el Gobierno, sino al delegado de clase. Una rebelión, violenta si es necesaria porque en cualquier caso no sería más que una respuesta atenuada a la violencia a la que nos vemos sometidos como clase, como sociedad, como individuos y como colectivo.

Una violencia de la que una vez tras otra solo sale agredida una parte, un bando, el reconocible, la gente. Gente, por otro lado, tan acostumbrada a recibir hostias sin rechistar, como a elegir a quienes les agreden.

La gente. Ahí radica el problema, no tanto en la gente que nos maneja, sino en quienes se lo consienten con la cabeza gacha y una resignación (puta educación cristófaga) digna de cualquier mártir de cualquier religión.

Bueno, que divago (probablemente en la tercera acepción, más que en la segunda); me piro. O dejo

Un rato.

lunes, 26 de marzo de 2012

Derecho a trabajar.... (del Facebook de Donato Expósito).

Hay que recordar que aunque esté convocada una huelga general en todo el estado español para defender los intereses de la clase trabajadora, existe el derecho a seguir siendo explotado,… perdón, el derecho a trabajar

Si eres de los que quieres ejercer el derecho a trabajar, no olvides que también existen otro tipo de derechos que nadie debe arrebatarte:

• Derecho a que te alarguen la edad de jubilación hasta los 67 años o incluso a los 70, aunque estés para el arrastre. Fundamental.

• Derecho a que te suban los años de cotización para que puedas cobrar menos jubilación. Que no te quiten este derecho.

• Derecho a que te bajen el sueldo. Defiéndelo.

• También tienes derecho a que te despidan si tu jefe ha previsto pérdidas para el año que viene. Esto es importante.

• No olvides el derecho a que tu jefe se pueda saltar el convenio y ofrecerte unas condiciones de trabajo individuales por debajo de los mínimos estipulados en convenio.

• Defiende el derecho a que te puedan despedir en cuatro días, a pesar de que hayas decidido trabajar en un día de huelga.

• Te corresponde el derecho a que te despidan por menos de la mitad de dinero, o incluso nada.

• Derecho a pensar que no vamos a conseguir nada con la huelga. Es mejor quedarse quietos y no hacer nada. Aguantaremos con la crisis y ya está. Estas cosas son por nuestro bien.

• Que nadie te quite la ilusión de heredar la empresa. Estaría bueno.

• Tienes derecho a “pasar” de los sindicatos, porque son todos iguales. Lo único que quieren es ganar dinero sin trabajar. Van a lo suyo y son todos unos chupópteros ¡todos! Incluso la CNT, un sindicato de trabajadores que no tienen liberados, que se gestionan con la cuota de sus afiliados y rechazan las ayudas del estado. A ti no te la dan.

• Tienes derecho a ponerte en lugar del empresario. Ellos si que tienen problemas, no como tú, egoísta.

• No renuncies al derecho de entregar tu dinero (dinero público) a los bancos, para que se puedan hacer recortes en gastos sociales e infraestructuras. ¿Para qué queremos tantos hospitales o escuelas? Lo primero es la banca, que está sufriendo mucho.

• Pero sobre todo, que nadie te quite el derecho a dejar un mundo peor para tus hijos, dilapidando los pocos derechos que nos quedan y que nuestros antepasados conquistaron con sangre, sudor y lágrimas. Que les den por saco, di que sí.

jueves, 22 de marzo de 2012

Pues ¿qué quieres que te diga?

Primera falta, tarjeta a un medio centro que hace una falta al ir a dar al balón por venir un contrario al que no ve.
Benzema remata de cabeza un córner en el segundo palo y el balón es sacado sobre la línea de gol posiblemente con la mano por un defensa. Ni una sola repetición. Ni una todavía.
Arbeloa comete un penalty (uno de tantos en cada córner, pero penalty al fin y al cabo). El árbitro no lo pita.
Tras hacer ese medio centro una falta (esta vez sí, por la reiteración susceptible de haber recibido por ella la primera amarilla del partido), le cambia por un extremo.
No muchos minutos después de este cambio, lesionan al sustituto con una falta que si no es roja, es naranja. El árbitro, a cuatro metros, no considera que sea falta.
Pepe recibe un golpe voluntario en la boca (la cual le rompen) y una tarjeta amarilla. Según el acta, por simular la agresión de un rival.
Los jugadores del Madrid sufren repetidas faltas después de desbordar e ir hacia el área que en ningún caso (excepto en la cuarta o quinta, al lateral derecho) son castigadas con amarilla.

Descanso.

Mourinho mete a un turco.
El árbitro expulsa a un ayudante de Mourinho por aplaudir irónicamente una decisión suya (por el mismo motivo expulsa después a Ozïl).
El árbitro saca tarjeta a Ramos por una de sus primeras faltas, según el acta, por reiteración.
El árbitro, otro partido más, señala una falta al borde del área que no era (lo había hecho anteriormente en dos ocasiones).
Cantada de Casillas. Gol de Senna.
El árbitro saca la segunda amarilla a Ramos por lo que parece fallar al balón y darle al contrario (como la amarilla a Lass), aunque en el acta pone que es por apartar a un rival con la mano.
Aquí es cuando expulsa a Ozil. Y a Mourinho por discutir una decisión suya, según el acta.
Hay unas 15 tarjetas, cuatro expulsados, 6 cambios, dos goles, varios jugadores perdiendo tiempo. El árbitro indica que va a añadir 4 minutos. No lo hace.

Pues ¿qué quieres que te diga? España perdió en Japón y Corea contra Corea del Sur por no ser capaz de marcar un gol a una selección claramente inferior. Entonces se podía hablar del árbitro en esas circunstancias.
Hoy, por lo visto, no.

Da igual que el Madrid tuviese un 70% de la posesión. Da igual que, cuando juega el Barça, aunque su juego sea malo en un partido, eso significa que es extraordinario. Da igual que cuando el Madrid no domina el balón contra el Betis es que juega mal y merece, cuando menos empatar, aunque cuando pase eso en partidos del Barça sea un canto al buen fútbol, al de verdad. Da igual todo.
La cuestión es que, cuando pierde o empata el Madrid, hay que callarse y buscar culpables en el equipo blanco. La cuestión es que, para muchos, el Madrid no merecerá nunca estar por delante del Barça aunque haya jugado mejor que él durante toda la temporada excepto el último mes.

Eso sí, espero que todos los que están indignados con los árbitros, también lo estén con los gobiernos y con los patrones y el 29M vayan a la huelga general.

Si no es así, no entendería nada. Nada.

martes, 20 de marzo de 2012

Correo del compañero Asmodeo con una lista de quienes no irán a la huelga el 29M.

Tomás García Montes ex director general de la CAI se lleva 4,2 millones de euros.
Manuel Escribano ex director general de Caja Segovia. Se lleva 6 millones de euros.
José Luis Méndez ex director general de Caixa Galicia. Se lleva entre 15 y 20 millones de euros.
Lucas Hernández ex director de Caja Duero. Se lleva 1,3 millones de euros.
Francisco Fernández ex vicepresidente de Caja España se lleva 500.000 euros.
Roberto López Abad ex director de Caja Ahorros del Mediterraneo (CAM) y cuatro como él se llevan 12,8 millones de euros en total.
Josep Maria loza ex director de Caja España-Duero se lleva 10 millones de euros.
María Dolores Amorós ex directora general de la CAM se lleva 370.000 euros anuales de pensión vitalicia.
Ricard Pages ex presidente de Caixa Penedes se lleva 11 millones de euros.
Domingo Parra ex director de Banco de Valencia se lleva 7,5 millones de euros
José Luis Pego ex director de NovaCaixaGalicia se lleva 10,8 millones
Juan Salido ex director de Cajasol (Banca Cívica) se lleva 950.000 euros.
Manuel Troyano ex director de Caixa Penedés y tres más se llevan 20 millones en total.

117 millones 350 mil euros entre 20 personas. Además de unas entidades semipúblicas, que no tienen accionistas. Estos se han marchado pero los que firmaron o consintieron semejante desfalco siguen en sus puestos, dirigiendo esas entidades. Y esto no es más que un ejemplo de como se las llevan. Y al resto nos bajan los sueldos, las pensiones, las indemnizaciones por despido, se les condena al paro, a la precaridad...

Hay miedo. Miedo a ser despedido. Miedo a que no te contraten.

Hay que poner el miedo en su sitio, racionalizarlo, darle su justo tamaño.

Pero sobre todo hay que pensar en las 20 personas de arriba y toda esa minoria que nos lleva a la ruina.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Hace diez años...

Hace diez años, a principios de siglo (que queda muy intelestuá), estaba germinando eso que siempre ha estado plantado en el ADN de todo español de bien: "los estranjeros" así, con ese "vienen a quitarnos el trabajo", con la variante "vienen a quitarme el pan de mis hijos" que viene a ser lo mismo, pero queda más dramático.

Entonces, algunos pensábamos (todavía lo hacemos) que aquello fue el efecto colateral, no deseado, pero desde luego que feliz en tanto que aprovechable, de una estrategia de los de siempre para controlar el dinero (negro oscuro, a ser posible) y de paso controlar a todo currito que quisiese entrar en el círculo vicioso de "si te quieres comprar una casa, zarrapatroso, tendrás que ganar más pasta de la que ganas; tendrás que currar para mí en la construcción, que es donde está el dinero; tendrás que comprar esta casa que yo te vendo; tendrás que hacerlo con una hipoteca, no te preocupes que ya la tienes negociá con güenas condiciones". Pero, en definitiva, aquello acabó siendo una guerra entre españoles y extranjeros, cuando debería haberse entendido en todo caso como mano de obra barata, frente a mano de obra muy barata; en los dos casos, salvo honrosas excepciones, era absurdo hablar de altas o bajas cualificaciones ya que eso no importaba, y si lo hacía, era para mal, para pagarte menos por no estar cualificado ya que en ningún caso valía una alta cualificación para cobrar más....

En estas que la gente empezó a creer que vivía bien trabajando 11 horas de lunes a sábado por cuatro duros (que multiplicados por 11 y por 6, acabó no siendo tan poco) y pagando unas casas y unos coches que nos vendieron como los que merecíamos y los que necesitábamos. En estas que se fue todo a la mierda y comenzamos a cobrar menos y a prestar más atención a los dispendios que hacían con nuestro dinero y (supongo que será la falta de costumbre) a quejarnos, no de que nuestros impuestos se gasten mal, sino de que éstos son demasiado altos... y más si se los siguen llevando los que le quitan el pan a mis hijos.

Ahora que ya no hay quien compre una casa o una barra de pan (cuando les de vergüenza decir que el salario mínimo interprofesional es de seiscientos y pico euros, podrían decir que es de 1000 barras de pan, que parece más), ahora que nos preocupa más que al Barça se le acabe la racha que lo corrupto que es nuestro alcalde, presidente o ministro... ahora, nos meten un estacazo que nos joden (sabiendo como saben que nadie va a mover un huevo por los derechos de los demás, ya que nos hemos tirado 15 años sin movernos ni siquiera por los derechos propios) y van a convertir la lucha españoles vs. extranjeros en una lucha trabajadores en activo vs. parados.

Al tiempo.

Bueno, hay un poco probable escenario que tal vez revertiría el tema. Si nuestros poderosos, nuestros gobiernos, los de arriba, nos tratan como lo hacen los niños con los padres, midiéndonos a ver hasta dónde nos pueden apretar y nosotros les dejamos hacer solo por no llevarnos un berrinche (quien tenga niños se dará cuenta de que este ejemplo es más válido de lo que pueda parecer; el que piense que tiene la posición dominante con sus hijos es que no pasa con ellos más de una hora al día, y digo con ellos, no en el mismo sitio) y nosotros acabamos, por fin, hasta los cojones y diciendo "hasta aquí hemos llegao", tal vez, solo tal vez, consigamos algo. Aunque solo sea poner el culo dignamente.

Desde luego, con el mío, que no cuenten.

martes, 14 de febrero de 2012

Me están tocando las pelotas.

Oh, sí.

Estoy bastante harto de ver a los trabajadores a los pies de sus asesinos mientras éstos solo paran de relamerse para reírse de ellos.

Ahora resulta que CCOO y UGT están más preocupados por el seguimiento de una más que necesaria HUELGA GENERAL que el propio Gobierno.

Después de mucho defraudar (como nosotros), después de mucho mirar para otro lado (como nosotros), después de mucho tragar (¡como nosotros!), el pueblo griego, ahora que le han desposeído de casi todo, muestran lo poco que les han dejado: la dignidad.

Estoy ya acostumbrado a estar rodeado de imbéciles que creen saber sobre lo que opinan, aunque se sepan incapaces de defender lo que dicen; harto de ver como, a pesar de ser cada vez más quienes odian a la institución SICAR, acuden sin falta a su misa dominical porqueesquehijamíasinoseenfadalacatequista; hasta el mismo ciruelo de escuchar a quienes están a mi alrededor cosas como que Melendi es un gran artista; pero lo que no puedo aguantar, ante lo que me rebelo y me rebelaré mientras me quede aunque solo sea un pedazo de mi conciencia de clase, es a la falta de dignidad que supone no levantar la voz, aunque solo sea un poquito, ante un abuso. 

La injusticia, a fuerza de repetición tras repetición, se convierte en el pan nuestro de cada día, pero eso de asumir como bueno lo que solo es normal (algo normal no es algo bueno o correcto, del mismo modo que algo radical, no es algo alocado o fuera de sí, sino algo que procede de la raíz misma de la cosa que se trata).

Pues eso, me parece vergonzoso agachar las orejas en una reunión con la ministra del paro y la destrucción de lo poco digno que quedaba en nuestros trabajos (los que, cada vez menos, aún tenemos la ¿suerte? de poder tener un empleo) y acudir, al día siguiente, ante tus afiliados, ante tus delegados, ante los que te han puesto donde te encuentras, a decirles lo que les dice Rajoy: hay que hacer sacrificios. 

Vale, prefiero sacrificar mi salario de un día, de una semana, de un mes a cambio de reclamar que no me jodan, que no jodan a mis compañeros, que no jodan el país que tanto dicen amar los de las banderitas, que ser un indigno, un insolidario y un vendido al capital.

Me cago en todo y en todos.

Artículo en el que Juan Torres López y Alberto Garzón hablan sobre las repercusiones de la contrareforma laboral del Gobierno.

Reforma laboral del PP
La voladura controlada del derecho protector del trabajo

Altereconomía

El pasado viernes el gobierno del PP anunció una nueva reforma laboral que se tramitará como proyecto de ley en las próximas semanas.

Como en ocasiones anteriores, el gobierno la presenta como el camino imprescindible y seguro para solucionar el problema del paro que es el que más preocupa desde hace años a los españoles. Ahora se dice textualmente en el texto con el que ha sido presentada en sociedadque gracias a ella habrá más empleo, más empleo estable, más flexibilidad interna en la empresa, más eficacia del mercado de trabajo, más control y lucha contra el fraude…

Muy buenas palabras para que la opinión pública sienta confianza y acepte sin rechistar la nueva reforma.

¿Quién podría negarse a apoyar unas medidas que pretenden estos objetivos tan deseables?

El problema radica en que, aunque se oculte, ya disponemos de suficiente experiencia sobre lo que de verdad se consigue con el tipo de medidas flexibilizadoras, de recorte de derechos laborales y de abaratamiento del trabajo que de nuevo se vuelven a imponer.

En esta primera valoración de urgencia de la reforma no podemos hacer una análisis exhaustivo de todas ellas así que nos vamos a limitar a poner de manifiesto que, a nuestro juicio, la estrategia general que persigue y las medidas concretas más relevantes que contiene no han permitido nunca alcanzar los objetivos que dice el gobierno que van a conseguir ahora (más empleo, más empleo de calidad y mejores condiciones de la economía en general). Y que, por tanto, no hay razones para esperar que ahora puedan lograrlo.

La estrategia de la reforma


Las diferentes medidas que contiene la reforma no comportan una a una grandes novedades (salvo las referidas a la negociación colectiva que comentamos más abajo) y podrían incluirse fácilmente en las grandes líneas estratégicas de las reformas laborales que se vienen llevando a cabo desde los años ochenta:

- Abaratar el despido:


La nueva reforma reduce la indemnización de 45 días por año con un limite de 42 mensualidades en el despido improcedente y a 33 días con un limite de 24 mensualidades en todos los contratos indefinidos; modifica las causas de despido para evitar el control judicial; elimina la autorización administrativa en los despidos colectivos; y facilita el despido por absentismo y el debido a enfermedad.

- Flexibilizar el marco general de las relaciones laborales:


La nueva reforma amplía las posibilidades de movilidad geográfica; facilita al empresario la posibilidad de modificar las condiciones de trabajo; y permite suspender o reducir temporalmente la jornada de trabajo, sin autorización administrativa.

- Promover la negociación individual de las condiciones de trabajo acabando con la colectiva:


La nueva reforma permite la inaplicación de los convenios mediante el arbitraje obligatorio; acaba con la prórroga automática de los convenios colectivos a los dos años de la terminación de su vigencia inicial; y da preferencia siempre al convenio de empresa respecto al sectorial.

- Abaratar el empleo (especialmente de los jóvenes) permitiendo la existencia de auténticos contratos basura y la intensificación del trabajo femenino:


La nueva reforma crea un nuevo tipo de contrato indefinido que podrán utilizar el 95% de las empresas españolas y que podrá extinguirse durante su primer año sin indemnización alguna por la simple voluntad del empresario; también otro contrato para la formación y el aprendizaje que se desvincula de la formación del trabajador; modifica el contrato a tiempo parcial para permitir la realización de horas extraordinarias y se fomenta este último tipo de contratación, como dice textualmente la propia nota informativa, para compatibilizar el empleo con la vida familiar y personal, lo que, en ausencia de políticas de corresponsabilidad, especializará a las mujeres en este tipo de empleos.

Además de todo ello conlleva otras medidas como las de bonificaciones y subvenciones, cambios institucionales significativos (como acabar con el monopolio de la formación de patronales y sindicatos lo que aún es pronto para saber el efecto práctico que pueda tener), la posibilidad de que los organismos públicos lleven a cabo expedientes de regulación de empleo, más privilegios a las grandes empresas de trabajo temporaly,como corolario de todo lo anterior, facilitar la reducción de los costes laborales y la moderación salarial.

Aparentemente, a grandes rasgos, la reforma podría simplemente considerarse como realmente limitada y una más en la línea de las anteriores y tendría la misma utilidad que han tenido y que ya hemos denunciado en otros textos (¿Qué se pretende con la reforma laboral?). Pero creemos que sería un gran error no descubrir la auténtica carga de profundidad que llevan consigo estas nuevas medidas laborales.

A nuestro juicio, la reforma del Partido Popular comporta una gran novedad y es que prácticamente renuncia a llevar a cabo modificaciones profundas en las condiciones relativas al entorno general en el que se mueven las relaciones entre empresarios y trabajadores (en la flexibilidad del mercado) para centrarse en la protección de los intereses del empresario, aumentando la flexibilidad interna de la empresa por la vía de darle a un poder de decisión frente a los trabajadores mucho mayor que el que hasta ahora tenían.

Lo que esta reforma busca no es, como en otras ocasiones, que el mercado de trabajo español responda en mayor medida a los principios que vienen sosteniendo los economistas neoliberales, que todo él sea más flexible para facilitar un mejor ajuste entre oferta y demanda de trabajo. No. Lo que creemos que el gobierno ha buscado ahora es limitarse a proteger y ampliar el poder de decisión de las empresas españolas a costa de los derechos de los trabajadores, posiblemente en la previsión de que no va a ser capaz de mejorar las condiciones del entorno económico a corto y medio plazo y que lo que se avecina es, por tanto, muchos más y peores nubarrones en el panorama económico.

Por eso la reforma va a ser mejor recibida por la patronal que por los analistas económicos neoliberales que, en realidad, han visto frustradas sus propuestas de los últimos años (sobre todo, la del contrato único) orientadas a desregular la totalidad del mercado y no solo la actividad en el interior de la empresa (aunque valoren positivamente lo que la reforma propone en este campo).

La reforma es efectivamente tímida desde el punto de vista neoliberal en lo que se refiere a la macroregulación del mercado laboral pero posiblemente sea la reforma más profunda y radical de los últimos treinta años desde el punto de vista de la distribución de los poderes de decisión y por tanto de apropiación entre propietarios del capital y los trabajadores. Y esto es lo que no debe pasar desapercibido.Es una reforma decisiva no por lo que va a conseguir a corto plazo sino por las condiciones que establece para el futuro de la economía española que, con el nuevo diseño del marco laboral que se le impone, no podrá especializarse sino en el suministro de servicios de baja calidad y valor añadido para ponerse a la altura, en todo caso, de las economías más empobrecidas de nuestro entorno.

El gobierno no ha planteado una reforma para crear empleo, ni para crearlo de calidad, ni para disminuir la temporalidad, ni la dualidad, ni mejorar la formación sino para proteger a los empresarios cuando sabe que la economía no se va a recuperar y que, como consecuencia de las políticas de austeridad que aplica y de las concesiones que hace a la banca, sus negocios tendrán menos demanda y menos actividad productiva y, por tanto, menos necesidad de empleo.

Las medidas verdaderamente relevantes de la reforma son las encaminadas a dar prioridad a los convenios de empresa, a permitir que los empresarios puedan modificar unilateralmente las condiciones individuales de los trabajadores (con control judicial ex post) y las condiciones laborales y salariales de los convenios colectivos, especialmente las relativas a jornada, y å eliminar la prórroga automática indefinida de los convenios (la ultraactividad).

Así, el artículo 12 del proyecto modifica el Estatuto de los Trabajadores estableciendo quea partir de ahora “la dirección de la empresa podrá acordar modificaciones sustanciales de las condiciones de trabajo cuando existan probadas razones económicas, técnicas, organizativas o de producción. Se consideraran tales las que estén relacionadas con la competitividad, productividad u organización técnica o del trabajo en la empresa”. Y esas modificaciones se considerarán sustanciales cuando afecten a materias como jornada de trabajo,
horario y distribución del tiempo de trabajo,
régimen de trabajo a turnos, sistema de remuneración y cuantía salarial, sistema de trabajo y rendimiento
y, en algunos casos, funciones. Es decir, a la práctica totalidad de las que tienen que ver con las condiciones de trabajo.

Este es el cambio radical que comporta la reforma. Radical pues lo que hace en la práctica es una auténtica voladura controlada de los derechos laborales y de los principios que dieron lugar al Derecho del Trabajo. En lugar de que el legislador admita que en la relación laboral hay una asimetría profunda porque empresario y trabajador parte de situaciones diferentes y disponen de un poder de negociación muy desigual, y que, por tanto, el segundo necesita normas que lo protejan, se concede ahora todo el poder de decisión a quien lo tiene de partida por ser el propietario del capital frente a quien solo dispone de su fuerza de trabajo.

A nuestro juicio, la nueva reforma laboral se basa en el principio más reaccionario e injusto que puede tener una norma: tratar igual a los desiguales. Poniendo al empresario frente al trabajador individual, sin que a éste le pueda apoyar un convenio que es el resultado del poder colectivo mucho mayor que el suyo propio, la consecuencia inevitable no va a ser otra que la degradación de las condiciones laborales.

Y lo cínicamente paradójico es que el gobierno y los economistas neoliberales llamen a eso “modernización de la negociación colectiva” cuando lo que hace la reforma en realidad es retroceder a la forma en que se contrataba a los trabajadores en el sigo XIX.

Todo lo demás de esta reforma es accesorio y en el debilitamiento del poder negociados de los trabajadores en donde se encuentra su núcleo duro de la reforma.

A medio y largo plazo, como queda dicho, no va a traer otra consecuencia que el deterioro del mercado laboral y la degeneración de las condiciones de trabajo y, con ello, el de toda la economía. Y está por determinar cuál va a ser su efecto definitivo a corto plazo teniendo en cuenta que el gobierno ha puesto al alcance de los empresarios dos vías de respuesta ante la mala coyuntura en la que estamos que provocarán efectos diferentes según se use preferentemente una u otra: el despido más barato para aliviar plantillas y el reajuste interno, ahora más cómodo, para evitarlo.

¿Qué podemos esperar de la reforma?


¿Llevarán razón los neoliberales y el gobierno y será verdad que con el despido más barato las empresas contratarán a partir de ahora más empleo indefinido que temporal?

¿Optarán mejor la mayoría de las empresas por aprovecharse en los próximos meses del despido más barato para desembarazarse de contratos indefinidos y sustituirlos por temporales o por los más precarios que crea la reforma?

¿O aprovecharán las empresas las facilidades que le concede la reforma para llevar ajustes internos sin recurrir a despidos, consolidando entonces plantillas más precarias, versátiles y baratas?

¿Es cierto, como creen los dirigentes empresariales, que lo que se necesita para salvar a las empresas españolas en esta coyuntura crítica es darle más poder a los empresarios y reducir los derechos laborales y el coste del trabajo? ¿Será suficiente con eso para evitar que sigan cerrando miles de empresas y perdiéndose cientos de miles de empleo?

Naturalmente, no tenemos la intención de jugar a ser adivinos ni tampoco queremos ser agoreros. Pero resulta, como decíamos al principio, que hoy día sabemos lo que ha ocurrido en España y en otros países cuando se han tomado este tipo de medidas y que, en consecuencia, se puede aventurar lo que va a volver a suceder con las que se van a aprobar ahora.

La evidencia empírica nos dice con bastante claridad lo que suele suceder cuando se reduce el coste del despido,que es lo que viene haciéndose desde los años ochenta y en España en mayor medida que en ningún otro país de la OCDE. A saber:

- No se crea empleo neto porque facilita mucho su destrucción en etapas de recesión como la actual.

- No disminuye el nivel de desempleo porque también se ha demostrado hace tiempo que las decisiones sobre contratación de los empresarios dependen de otros factores distintos a los costes del despido.

- No reduce la temporalidad ni se produce un incremento sustantivo de la contratación indefinida.

Por tanto, ahora, en una coyuntura recesiva como la actual,lo que con toda probabilidad cabe esperar de la medida que ha tomado el gobierno es que produzca lo mismo que se consiguió con las sucesivas reducciones del coste del despido: que aumenten los despidos.

Por otro lado, la evidencia empírica también demuestra justamente lo contrario de lo que afirman quienes defienden este tipo de reformas. La mayor flexibilidad interna en las empresas puede ser generadora de empleo en algunas. En realidad, casi exclusivamente en las que no resulten muy afectadas por la caída en la demanda que inevitablemente lleva consigo la reducción de los ingresos que produce la mayor precarización del empleo cuando se recortan los derechos y el poder de negociación de los trabajadores.

Y es fácil constatar que ha sido precisamente la progresiva flexibilización de las relaciones laborales que se viene produciendo en los últimos treinta años la que ha traído consigo el empleo de baja calidad, los salarios más bajos y el fenómeno de la “dualidad” en el mercado de trabajo, esto es, la existencia, por un lado, de trabajadores con contratos indefinidos, alto grado de seguridad y aceptables condiciones de trabajo y, por otro, de otros con empleo temporal, inseguro y mal pagado. Y, como resultado de todo ello, una menor demanda y ritmos más bajos de crecimiento de la actividad económica y en la creación de empleo.

Es por eso que se pueda aventurar que si las empresas españolas optan por el reajuste interno haciendo uso de la mayor flexibilidad interna que ofrece la nueva reforma, quizá podría mantenerse el empleo pero esto siempreque existiese suficiente demanda efectiva. Pero incluso en ese caso, lo que ocurriría seríaque empeoraría la situaciónde los trabajadores con mejores empleos sin mejorar a los precarios de contratos temporales. Una vía retrógrada de “luchar” contra la dualidad.

Pero sin mejorar las condiciones de entorno del mercado de trabajo, manteniendo las políticas de restricción del gasto y de moderación salarial, lo que inevitablemente va a ocurrir es que habrá menos demanda y que la inmensa mayoría de las empresas (las que no disponen de gran poder de mercado o de yacimientos de actividad en el mercado global) no van a poder sobrevivir ni mantener el empleo actual por mucho poder de decisión que acumulen los empresarios. Imponiendo salarios cada vez más bajos y reduciendo el gasto en la economía, ese poder no les va a servir de mucho. Nadie puede salir de un hoyo tirándose de los pelos que es lo que en realidad le ofrece el gobierno a los empresarios con este nuevo marco de legislación laboral tan favorable para ellos.

En definitiva, esta nueva reforma sigue dejando sobre el cuello de las empresas y los trabajadores españoles la misma espada de Damocles que se obstinan en no tener en cuenta ni la patronal ni los economistas neoliberales: la falta de actividad y las malas condiciones macroeconómicas. Un gran número de análisis empíricos han mostrado que, incluso si se pudiera aceptar que actuar sobre algunas de las variables institucionales que las tesis ortodoxas consideran como causa del desempleotuviera un efecto significativo sobre el nivel de empleo o sobre su calidad cuando se analizan aisladamente, lo que generalizadamente ocurre cuando se toman en consideración otras variables es que o no lo tienen o es mucho menos determinante que otros factores relativos a las condiciones macroeconómicas en que se desenvuelve el mercado de trabajo (Ver V. Navarro, J. Torres y A. Garzón, “Hay alternativas. propuestas para crear empleo y bienestar social en España”, Sequitur, pp. 83 y siguientes).

Dicho de otra forma: incluso si ocurriera que las empresas españolas vayan a optar en esta situación recesiva que va a ir a peor por reajustar internamente sus plantillas y no por despedir con menos coste a sus trabajadores, los fundamental está sin resolver: en la economía española no hay demanda suficiente ni la financiación necesaria para que las empresas pueden crear o incluso mantener el empleo por muy protectoras del empresariado que sean las nuevas normas laborales.

En lugar de abordar este asunto, que es el prioritario y del que realmente depende que se mejore el mercado laboral y se salven miles de empresas y millones de empleos, el gobierno del Partido Popular ha preferido ir por la vía más fácil de concederle más poder a los empresarios ya de por sí más poderosos y de quitarle derechos y capacidad de decisión a los trabajadores. Pero ni siquiera a la inmensa mayoría de los empresarios les va a compensar disponer de estos privilegios decimonónicos porque empobrecer a los trabajadores es empobrecer a la sociedad y, a la larga, a los propios empresarios que realmente se dedican a crear riqueza y empleo.

¿Quién se puede creer que de verdad se puede progresar en el siglo XXI tomando como referencia los principios de actuación y las normas del XIX?

Fuente: http://altereconomia.org/sec/?p=30

viernes, 10 de febrero de 2012

Estaréis contentos.


Facilitar a los empresarios los despidos objetivos por causas económicas. Clarificar lo llaman. Cuando de los resultados económicos de hecho o previstos sean negativos, no necesariamente pérdidas Sino disminución de ingresos. Durante tres trimestres.
Bajar la indemnización por despido improcedente de 45 a 33 días. Y limitación de 24 mensualidades de esa indemnización. 
Felicidades, inmensa mayoría de éste país que tanto defendéis cuando se meten con Nadal.
Luego OS quejáis de que blasfemo.