martes, 17 de abril de 2018

Te ruego, óyeme

Él, tan locuaz siempre,
queda hoy sin palabras
pudiendo sólo rendirte culto
en el negro silencio
de sus más sucias oraciones.

viernes, 13 de abril de 2018

Tuiter

Escribo sobre las cosas que me gustan,
que me duelen, que me asustan,
en una red social en la que a nadie
le importa lo que gusta, duele
o asusta a los demás.

Un me gusta, un retuit, un comentario.

Es lo único que les importa a los demás.

Lo único que quiero es no estar.

Pantalla en azul

Mirando el ordenador, que no viendo,
mientras actualiza el maldito Windows,
pienso en nada aunque me atropelle todo.

Utilizo, creo, mucho atropellar.
Pasar una cosa en movimiento
por encima de una cosa, animal o persona.

El diccionario no define.

Hay días que son mierda.

Felicidades, papa

Llegaba a casa y te veía
rodeado de partituras
tocar la que hoy es mi gutarra.

Antes, siendo más niño,
conseguí identificarte con esa
combinación de aceites, grasa, motores,
una interminable jornada laboral,
conseguí identificar ese popurrí
de aromas que hoy también son míos.

Después,
cuando mis canas comenzaban a asomar,
volviste a abrir tu nido a un pájaro
que había dejado de volar
porque se le habían roto las alas y el corazón.

Y hoy que, como sabes,
alas, corazón, pájaro, niño y hombre,
por fin conjugan el verbo amar
de la manera en la que se es justo
con ese infinitivo infinito,
vuelves a cumplir años,
vuelvo a estar orgulloso de llamarte papa
(sin tilde, como se pronuncia en casa),
vuelvo a decir "te quiero"
cuando pienso en ti.

El trabajo dignifica

Café con leche. Dos magdalenas.
Los niños, como siempre, ríen, pelean,
alejados de mi triste realidad.

Mi mujer, 35 años juntos, me acerca
una servilleta mientras roza mi mano
con cariño, sabiendo que algo me pasa.
Nota que sus sonrisas enturbian mi mirada.

No voy a llorar. No puedo llorar.

Cojo mi maletín, mi tartera, y camino
hacia la parada de un 43,
que se arrastra cansado hacia la calle
que tantos años me ha olido sudar.

Paso de largo,
un día más,
una semana más.

Deambulo hacia la oficina del INEM,
la del servicio madrileño de empleo,
a la bolsa de empleo local, a una ETT...
y acabo en el bar, bebiendo mi silencio,
comprando un cupón que esconda mi vergüenza.

Estoy cansado. Cuatro hijos, una hipoteca,
el aval de mi madre, el coche del niño,
unas deudas que no paran de crecer.

Esta vez, no quiero coger el autobús.
Deseo que sea él quien me coja a mí.
Que la policía llame al segundo izquierda.
Que la policía le diga que me echaron.
Que la policía le cuente a Carmela
lo cobarde que fui.

lunes, 9 de abril de 2018

Felices 37

Viniste a mi vida exigiendo muchos besos,
culpando a una impresora que escupió
muchos más vales de los que le pediste,
afeándome que expidiese otro
sin pagar los tuyos... Y míranos.

Hoy cumple años mi inspiración, mi pasión,
mi risa y mis ganas.

Hoy cumple años la Diosa que me abrió paso
al edén de sus besos, la que me rodea con los pies,
la que me muerde por sorpresa,
la que sonríe al despertar,
la que hace que sonría a cualquier hora
con solo pensar en ella.

Cometeré por ti cuantos pecados me prohiban,
incumpliré contigo cuantos mandamientos nos impongan,
me saltaré para ti tantas leyes como redacten.

No habrá dios al que amar como yo te amo,
y tomaré su nombre en vano mientras no se llame como tú.
Sólo santificaré las fiestas que pase contigo,
y si honro a mis padres, es dándome a ti por entero.
Mataré a quien ose molestarnos,
y cometeré contigo los actos más impuros.
Por mucho que robe, jamás llegaré a robar
tanto y tan bien como robaste mi corazón.
No mentiré diciendo que no pienso
millones de maldades cuando veo tus ojos,
tus labios, tus pies, toda tú.
Y jamás codiciaré bien alguno pues,
fuera de ti, nada está bien, nada tiene valor.

Te amo con lujuria.
Me da pereza pensar en una vida sin ti.
Comeré de ti insaciable,
con gula, con fruición, incansablemente.
Clavo en mi corazón mis propias uñas,
iracundo, si pienso en los besos que no te he dado.
Envidio los grandes momentos que no he visto porque no te conocía.
No quiero perderte, no quiero que seas de nadie,
ni siquiera mía porque mi avaricia de ti
me impide desear que perdieses tu esencia de libertad,
aunque lo hicieses conmigo.
Y sí,
sonrío soberbio cuando sé que tu sonrisa
de todas las mañanas sólo amanece junto a mí.

Muchas felicidades, amor mío.
Deseo que cada año me pidas un imposible,
mientras trato de conseguir un inolvidable.
Y así,
cada uno de "los años que nos quedan por vivir".

martes, 3 de abril de 2018

Una ventana a la enajenación

Rodeado de pantallas de diferentes tamaños
me percato de que son observadas
por seres que en otro tiempo aspiraron
a lograr algún día llegar a ser humanos.

Los seres, distraídos,
con una pérdida total de orientación,
de concentración, de empatía
y de interés por lo que sucede
a escasos centímetros de ellos,
son capaces de medio atender
durante jornadas maratonianas
a ese gotero a través del cual,
unos malvados doctores de la enajenación, les arrebatan el alma.

No entienden de política,
pero saben con quién folla fulanito.
No entienden de fútbol,
pero conocen al tercer portero del Utrera B.
No entienden de amistad,
pero tienen miles de supuestos amigos.
No entienden de amor,
pero comparten innumerables pasteleos.
No entienden de sexo,
pero arrastran su dignidad mendigándolo por "privado".

Vidas llenas de banalidades y vacías de vida.

Firmo y sello esta canción protesta desde mi smartphone, claro.

viernes, 30 de marzo de 2018

Sin ti soy un desierto

Después de una noche de tormenta
la madrugada llegó como torrente infinito.

Tras amanecer el anegado lodazal,
soy más consciente si cabe de cuánto
necesito el agua que emana
del maravilloso verde oasis de tus ojos.

Detrás de ti, ya lo dijo el poeta, nada queda,
detrás de ti, no hay nada más,
después de ti, no queda nada de mí,
nada soy, nada quiero, nada puedo.

Si un siroco barriese el árido desierto
en el que he convertido mi alma,
bastaría la leve brisa de tus labios
para vaciar de arena mis secos ojos.

Si cualquier fuente me vuelve a ofrecer
el agua que crees que, como un cualquiera,
buscaría con o sin sed,
yo, quien te escribe y ama,
rechazaría una, otra y mil veces más
cuantos venenos traten de alejarme de ti,
porque no hay dios, edén o salvación
lejos de tu boca.

Deshojando margaritas en mi cabeza

Harto de dar vueltas a un circuito,
deambulo por unas calles que desconozco
tan enfrascado en mil historias que me desoriento. 

Siento, quién lo diría hace una semana, 
un balsámico frescor que me anima
en el nuevo reto de encontrar mi coche
y en él, el abrigo para dejar de abrazarme
y los auriculares, para dejar de pensar. 

Deshojando margaritas en mi cabeza, 
descubro un nuevo error de cálculo, 
no sé exactamente por parte de quién. 

La cuestión es que están muy de moda
fotos, frases, mensajes, que pretenden
dar lecciones a vidas deshechas,
a heridas sin cicatrizar, 
a personas que aún no lloraron lo que debían...

Yo las he dicho muchas veces. 
De hecho, creo firmemente en muchas de ellas, 
pero algunas ahora mismo me molestan sobremanera. 

"Las heridas te enseñan lecciones".
Pues ¿qué quieres que te diga? 
Las caricias también. 

Además, ya no quiero aprender más, 
al menos con ese método,
porque en tus sanadoras caricias
aprendo tantas lecciones, 
descubro cuánto he ocultado de mí,
que consigues lo impensable, 
sacas de mí tanto bueno,
que llego a gustarme. 

Quiero verme cada día en tus verdes ojos, 
quiero que despiertes cada mañana
con millones de mis besos,
quiero que se nos haga corta la vida juntos, 
que nos descoloquemos cada día, 
que pronunciemos cualquier palabra a la vez, 
que sigamos por siempre amasando nuestras manos. 

Firmo y sello todo esto con la lucided
del más loco de entre los hombres, 
la serenidad de los nervios de un adolescente, 
la templanza del inexperto aprendiz, 
la dureza de la crema con la que te masajeo, 
el calor de esta noche gris, 
el amor que descubrí contigo.

Epitafio

Aquí, quieto y en silencio, yace por fin
uno que vino a este mundo sin pena
y lo abandona sin gloria alguna. 

¿Qué dirá mi epitafio? 
¿Quién lo escribirá? 
¿Me querrá? 
¿Me echará de menos
¿Sonreirá al dictarlo? 

Preguntas que se suceden mientras, 
en primavera, escucho el verano de Vivaldi. 

Trato de dormir tras la comida 
de un jueves que no tiene nada de santo, 
de una semana que se presentaba de pasión, 
de una vida que ha de dejar de serlo
para que quepa un domingo de resurrección resurrección. 

Estoy cansado, tengo sueño. 

Estoy candado, tengo dueño. 

Río, 
lloro, 
ahogo mi frustración contra la almohada. 
Mañana trabajo, me hago pequeño. 
No me soporto. 
No sé qué me pasa, no me reconozco. 

Bueno, sí.
Me recuerdo a alguien que un día fui, 
un personaje inventado sobre expectativas 
ajenas, falsas, dañinas,
alguien a quien pensé olvidado, 
alguien que me sirvió para aprender,
alguien que no quiero que vuelva a imponerse, 
que me vuelva a esconder muy profundo, 
no quiero querer que desaparezca el que soy. 

O sí, vete a saber. 

Igual dejo de pensar, 
de preguntarme cosas, 
de querer querer, 
de querer ser querido, 
de sentir,
igual vuelvo a ser lo que siempre fui, 
lo que tú, lo que todos...
Igual vuelvo a no vivir.